Camagüey celebrará su tradicional Semana de la Cultura pero el régimen advierte que «sin áreas festivas ni bailables» por la crisis de apagones

Redacción

Mientras la mayoría de los cubanos malvive entre apagones interminables, estantes vacíos y un colapso económico sin disimulo, las autoridades de Camagüey anunciaron que mantendrán la tradicional Semana de la Cultura. Eso sí, recortada, descafeinada y sin alma, muy lejos del ambiente festivo que durante décadas identificó la celebración.

El evento se realizará del 1 al 7 de febrero por el aniversario 512 de la fundación de la ciudad, pero bajo fuertes restricciones que evidencian el divorcio entre la agenda oficial y la realidad cotidiana del pueblo. Más que una fiesta cultural, lo que se percibe es un intento del régimen de cumplir formalidades, aunque la ciudad esté sumida en la precariedad, según reconoció el propio medio oficialista Adelante.

Durante una conferencia de prensa, el director municipal de Cultura, Daikel Guilarte, admitió sin rodeos que no habrá áreas festivas ni bailables, una confesión que resume el espíritu de esta edición: cultura sin alegría en un país a oscuras. Las actividades quedarán limitadas a algunas zonas del Casino Campestre durante el día y al habitual corredor cultural, evitando cualquier expresión popular que implique concentración masiva o consumo nocturno.

Lo más indignante no fue la austeridad, sino el contraste. En un país donde provincias enteras pasan más de 40 horas seguidas sin electricidad, Guilarte aseguró que el evento contará con respaldo de plantas eléctricas para no afectar los servicios. Un privilegio reservado para la vitrina oficial, mientras miles de familias pasan noches enteras sudando, a oscuras y sin poder conservar alimentos o medicinas.

La programación, reducida al mínimo, descansará fundamentalmente en artistas aficionados y creadores del catálogo oficial, los mismos de siempre, sin espacio real para iniciativas independientes ni propuestas críticas. Parte del programa se extenderá hasta el domingo 8 hacia comunidades rurales y barrios llamados “en transformación”, un término reciclado que en la práctica significa llevar propaganda cultural a zonas empobrecidas.

Entre las pocas actividades que sobreviven está el Rincón Campesino, cerca de la Glorieta del Casino Campestre, que funcionará solo de viernes a domingo y en horario limitado. Nada de noches largas, nada de música popular, nada que huela a fiesta real.

A pesar del desastre económico, el régimen no renunció a su obsesión ideológica. El Encuentro de Escritores Camagüeyanos estará dedicado al centenario del natalicio de Fidel Castro, con la participación de figuras oficialistas como Katiuska Blanco, reafirmando que la cultura sigue siendo un instrumento político, no un espacio de alivio o expresión para la gente.

También se mantendrán eventos académicos como el simposio sobre gestión de ciudades y actividades patrimoniales, todas cuidadosamente alineadas con el discurso institucional, mientras la ciudad se cae a pedazos y sus habitantes sobreviven como pueden.

En la Camagüey real, la de los apagones, la inflación y el cansancio, no hay ánimo para celebraciones vacías. Pero el régimen insiste en montar su escenografía cultural, aunque sea sin música, sin pueblo y con plantas eléctricas reservadas para la foto oficial.

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