El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que Cuba está al borde del colapso y que su caída podría producirse más temprano que tarde, al referirse a la dependencia económica y energética que durante años sostuvo al régimen cubano gracias a Venezuela.
Las declaraciones se produjeron en un ambiente informal, durante un encuentro en el Machine Shed Restaurant, en Urbandale, a las afueras de Des Moines, Iowa. Trump reconoció que el tema cubano no suele despertar pasiones fuera de ciertos círculos, pero dejó claro que la crisis de la isla sigue siendo políticamente relevante, especialmente para comunidades como la de Miami.
“Cuba fallará muy pronto. Es realmente una nación que está muy cerca de fallar”, afirmó el mandatario, recordando que La Habana sobrevivía gracias al dinero y al petróleo venezolano, un salvavidas que ya no existe tras la caída del chavismo.
Las palabras de Trump llegan en un momento particularmente delicado para los cubanos, dentro y fuera de la isla. Apagones constantes, escasez de alimentos, colapso del transporte y una migración sin precedentes han convertido la vida cotidiana en una carrera de resistencia. Para millones de personas, el colapso no es una consigna política: es una experiencia diaria.
Este nuevo pronunciamiento vuelve a colocar a Cuba en el centro del discurso político estadounidense y refuerza la narrativa de fracaso estructural del modelo impuesto por el régimen, mientras los cambios prometidos nunca llegan y el deterioro avanza sin frenos.
En paralelo, el secretario de Estado Marco Rubio endureció aún más el tono regional. Durante una audiencia ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, advirtió que la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, podría “correr la misma suerte” que el depuesto Nicolás Maduro si no cumple con las exigencias de Washington.
Rubio aseguró que la administración Trump está dispuesta a usar la fuerza si otros mecanismos de presión fracasan. “No se equivoquen: estamos preparados para garantizar la máxima cooperación”, dijo, defendiendo la operación militar en Caracas como un “éxito sin precedentes”.
El jefe de la diplomacia estadounidense volvió a calificar a Maduro como un narcotraficante y no un jefe de Estado legítimo, justificando una acción militar que, según cifras oficiales venezolanas, dejó más de un centenar de muertos, entre ellos cubanos vinculados a estructuras de seguridad del chavismo.
Mientras tanto, agencias de inteligencia estadounidenses mantienen dudas sobre el nivel real de cooperación de Delcy Rodríguez. Reuters señala que Washington observa con cautela si la mandataria interina está dispuesta a romper definitivamente con aliados tradicionales del chavismo como Cuba, Rusia, China e Irán.
Aunque se han producido gestos —liberación de presos políticos y autorización para vender petróleo a Estados Unidos—, las contradicciones persisten. Rodríguez ha hablado de diálogo, pero también de hastío frente a la presión estadounidense.
En el trasfondo de todo este tablero geopolítico está Cuba. Sin petróleo venezolano, sin respaldo financiero real y con una economía en ruinas, el régimen enfrenta uno de sus momentos más frágiles en décadas.










