La burbuja del poder en Cuba: Así es la vida de lujos y dólares de la hermana de Manuel Marrero

Redacción

Tamara Marrero Cruz, hermana del primer ministro Manuel Marrero, vive instalada en una Cuba paralela, una isla de comodidades que no se parece en nada a la que pisan millones de cubanos cada día.

Mientras el país se desangra entre apagones interminables, colas humillantes y un desabastecimiento que ya es crónico, ella celebra cumpleaños fastuosos, promociona su spa privado y se exhibe entre piscinas, restaurantes y gimnasios como si la crisis fuera un cuento ajeno. Una vida sin sobresaltos, sin carencias y sin pudor.

Tamara ha hecho de su día a día una vitrina de excesos cuidadosamente documentada. Así lo denunció el medio independiente Cubanet el pasado 26 de enero, al señalar que su estilo de vida solo es posible bajo la sombra protectora del poder, acompañando la denuncia con imágenes de fiestas opulentas, tratamientos de spa, cenas elegantes y rutinas de bienestar completamente desconectadas de la realidad nacional.

La indignación no tardó en estallar en redes. El periodista Mario J. Pentón resumió el sentir popular con ironía afilada al señalar que la hermana del primer ministro sí sabe lo que es vivir sin apuros, entre spa privado, negocios propios en Holguín y, para rematar, hijas cómodamente instaladas en Miami. Hipocresía en estado puro.

Más allá del escándalo personal, el caso deja al desnudo el mecanismo de impunidad y favoritismo que sostiene al régimen. Un sistema que exige sacrificio al pueblo mientras permite a los suyos vivir rodeados de comodidades, contactos y privilegios.

Lejos de esconderse, Tamara Marrero presume su emprendimiento. Relax Jaracho es el nombre de su spa privado, montado en su propia vivienda en Holguín, donde ofrece masajes y tratamientos faciales con productos que promociona como “naturales”. Desde mascarillas artesanales hasta chocolaterapia y aceites esenciales, todo presentado con imagen profesional y marca registrada.

Lo curioso es que ese negocio no aparece en los registros oficiales de mipymes ni como actividad formalizada, algo que para cualquier cubano común implica inspecciones, multas y decomisos. Pero en su caso, nada pasa. Ninguna traba, ningún inspector, ningún problema.

Y no se queda ahí. Ya en 2024 Cubanet había revelado que Tamara también operaba un punto de ventas en la céntrica Plaza de la Marqueta, dentro de un programa estatal de desarrollo local. Allí comercializa aceites aromáticos, artículos decorativos y regalos personalizados, todos con sello propio.

Su vínculo con Jorge Zayas, propietario de “Decoraciones Jorge e Irán”, refuerza su presencia en ese espacio, descrito como una tienda bien surtida y con identidad local. Todo fluye cuando el apellido abre puertas.

A esto se suma su trabajo desde 2015 como masajista y promotora en el exclusivo hotel Paradisus Río de Oro, uno de los resorts más lujosos del oriente cubano. Ese puesto le ha permitido establecer contacto directo con turistas y clientes extranjeros, muchos de los cuales terminan contratando sus servicios privados fuera del horario laboral.

Pero hay un detalle aún más revelador. Tamara también funciona como receptora privilegiada de donaciones humanitarias, canalizando ayuda de organizaciones extranjeras como Not Just Tourists, con sede en Canadá. Desde el hotel, recibe medicinas y suministros que luego entrega en hospitales pediátricos de Holguín, siempre con su imagen bien visible.

Solidaridad selectiva, gestionada desde el privilegio.

Lejos de la discreción, Tamara comparte con frecuencia escenas de su vida social. Noches de fiesta, entrenamientos en el gimnasio, restaurantes, conciertos de reguetón y brindis con Baileys forman parte del álbum cotidiano. Sus cumpleaños son eventos de producción cuidada, con decoración temática, grandes pasteles y sesiones fotográficas profesionales.

Una postal de abundancia que choca de frente con el país que dirige su propio hermano, donde la mayoría no logra garantizar leche, carne, medicamentos ni transporte.

Cubanet lo resumió con precisión: siempre sonriente, copa en mano, Tamara disfruta una Cuba inexistente para el resto.

La historia se extiende a la siguiente generación. Sus hijas, Giselle y Lorena Selcis, crecieron en ese mismo entorno de ventajas. En 2017, Lorena celebró sus 15 años con una fiesta deslumbrante en el Club Siboney de Holguín, decorada con lujo y detalles.

Pero ni siquiera ese mundo de privilegios fue suficiente para retenerlas. Giselle llegó a Estados Unidos en 2022 tras cruzar la frontera mexicana y solicitó asilo. Lorena lo hizo a finales de 2023 gracias al parole humanitario.

Hoy ambas viven en el país que el régimen llama “enemigo”, mientras su tío sostiene discursos incendiarios contra Washington.

El investigador Luis Domínguez, del proyecto Represores Cubanos, fue claro: son jóvenes de la élite, beneficiadas por el sistema, que jamás pasaron trabajo y que ni siquiera creen en las promesas de futuro que vende el poder. Por eso también se fueron.

El caso Marrero no es una excepción. Es un retrato fiel de la Cuba de la doble moral, donde el sacrificio es para el pueblo y los privilegios para la cúpula y sus familias.

Tamara Marrero Cruz no ocupa un cargo oficial, pero su apellido le garantiza impunidad, negocios sin controles, acceso a donaciones, lujo y movilidad. Ella no cree en las restricciones del sistema. Su vida lo grita.

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