Manuel Marrero, desde su cómoda barriga, pide a los cubanos «hacer más, incluso en condiciones difíciles»

Redacción

El primer ministro Manuel Marrero Cruz volvió a tirar de la cuerda gastada del discurso oficial y dejó claro, una vez más, que para el régimen la salida de la crisis no depende de reformas reales, sino de que el pueblo se sacrifique todavía más.

Este jueves, desde Santiago de Cuba, Marrero insistió en que los cubanos deben “salir adelante con sus propios esfuerzos”, haciendo cada vez más con menos recursos, como si la escasez fuera una prueba de carácter y no el resultado directo de décadas de mala gestión.

“Reflexionamos sobre cuánto podemos hacer, aun en condiciones muy difíciles. Los cubanos siempre nos crecemos”, escribió el primer ministro en X, repitiendo el mismo guion motivacional que el régimen usa desde hace años para lavarse las manos y pasarle la factura de la crisis a la gente de a pie.

Para rematar, Marrero volvió a citar a Fidel Castro y su consigna de “emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos”, un mensaje que el poder utiliza como mantra para justificar la precariedad, mientras mantiene intacto un sistema centralizado, ineficiente y profundamente corrupto.

Detrás de ese discurso épico se esconde la realidad de siempre: el Gobierno evita reconocer las causas estructurales del colapso económico y prefiere responsabilizar a los ciudadanos por no “hacer lo suficiente”, cuando en realidad no tienen ni los recursos ni la libertad para producir.

Durante su intervención, Marrero llamó otra vez a “hacer más, incluso en condiciones difíciles”, sin mencionar el desastre de las empresas estatales, la falta de incentivos, la represión económica al sector privado ni el saqueo sistemático de los recursos del país.

Sus declaraciones llegan pocos días después de haber pedido a los militantes comunistas un “cambio de mentalidad radical” para enfrentar lo que él mismo llamó una “economía de guerra”. Una frase que suena grandilocuente, pero que en la práctica solo significa más sacrificios para el pueblo y cero responsabilidades para la cúpula del poder.

El contraste entre el discurso oficial y la vida cotidiana es brutal. Apagones interminables, escasez de alimentos, salarios que no alcanzan ni para sobrevivir y una miseria cada vez más visible dejan al descubierto el desgaste de una dirigencia desconectada de la realidad.

Mientras el régimen insiste en motivar con consignas vacías y citas históricas recicladas, Cuba sigue avanzando, sin frenos, hacia la pobreza extrema. Y otra vez el mensaje es el mismo: el pueblo que aguante, que resista y que se las arregle solo, porque los responsables del desastre no piensan asumir culpas.

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