Marco Rubio deja claro que aunque Estados Unidos está «interesado» en una caída del régimen en Cuba, no intervendrá en ello

Redacción

Marco Rubio, secretario de Estado de Estados Unidos, dejó este miércoles un mensaje sin rodeos: Washington no ocultaría su satisfacción ante un cambio de gobierno en Cuba, aunque no piensa cargar con la responsabilidad directa de provocarlo.

La afirmación salió a relucir durante su comparecencia ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, en medio de un debate cada vez más encendido sobre la política estadounidense hacia la isla y cuando la relación bilateral vuelve a tensarse por la crisis profunda que atraviesa el país.

La intervención de Rubio respondió a una pregunta directa del senador demócrata Brian Schatz, quien le pidió que se comprometiera públicamente a que Estados Unidos no impulsaría un cambio de régimen en Cuba. La respuesta, lejos de ser diplomática, fue reveladora.

“¿Cambio de régimen? No. Pero claro que nos gustaría ver que el régimen cambie”, dijo Rubio ante el comité, dejando claro que la permanencia del castrismo no es precisamente un objetivo de Washington.

Las palabras del secretario de Estado encajan con el discurso que el presidente Donald Trump ha venido deslizando en múltiples ocasiones, donde ha sugerido que la caída del régimen cubano es una posibilidad real, sobre todo en el contexto actual.

No es casualidad que estas declaraciones se produzcan tras la captura de Nicolás Maduro, un golpe geopolítico que ha sacudido a La Habana y ha reactivado la presión estadounidense sobre uno de sus aliados históricos más dependientes.

Aun así, Rubio se encargó de marcar distancia con cualquier idea de intervención directa en Cuba. Según explicó, un cambio en la isla no tendría por qué replicar el escenario venezolano, y podría producirse como resultado de factores internos o de dinámicas regionales.

“No estamos diciendo que vamos a provocar ese cambio, pero sí que nos gustaría verlo. No hay duda de que para Estados Unidos sería muy positivo que Cuba dejara de estar gobernada por un régimen autocrático”, añadió, dejando claro dónde está parado Washington.

El mensaje es calculado, pero contundente. Estados Unidos desea una transformación en Cuba, aunque evita comprometerse con acciones que puedan interpretarse como injerencia directa.

Durante la audiencia, Rubio también reconoció que la Casa Blanca ve una oportunidad real para que cambie la dinámica en la isla, una lectura que se apoya en la devastadora crisis económica, el éxodo masivo de cubanos y el endurecimiento del discurso político entre ambos países.

Un día antes, el propio Trump fue todavía más explícito. Durante un mitin en Iowa, aseguró que Cuba está al borde del colapso, subrayando la dependencia del régimen del petróleo venezolano, un suministro que se ha visto seriamente afectado tras la caída de Maduro.

“Cuba está muy cerca de caer. Es una nación al borde del colapso”, afirmó el mandatario, señalando que la interrupción del flujo de crudo desde Venezuela ha dejado al régimen en una posición extremadamente vulnerable.

En el fondo, el mensaje que sale desde Washington es claro aunque incómodo para La Habana: el régimen cubano está más débil que nunca, y aunque Estados Unidos no se atribuya el papel de verdugo, tampoco tiene intención de llorar si el sistema termina desplomándose por su propio peso.

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