No todos los regresos son improvisados ni llenos de arrepentimiento. En redes sociales se ha hecho viral la historia de una cubana que decidió autodeportarse de Estados Unidos, pero hacerlo a su manera: sin dejar su vida atrás. Para lograrlo, empacó absolutamente todo lo que tenía y lo envió en un contenedor hacia Ecuador, pagando más de diez mil dólares. Una decisión que ha generado debate, críticas… y también mucha empatía.
La protagonista de esta historia es una cubana conocida en TikTok como Familia Bolagay (@losbolagay), quien compartió en tres videos todo el proceso de su salida voluntaria de EEUU. Su testimonio no pasó desapercibido, sobre todo cuando reveló que pagó 10.600 dólares por enviar un contenedor con sus pertenencias a Ecuador, algo que muchos consideraron una locura.
Según explicó, su decisión no fue impulsiva ni emocional del momento. Para ella, enviar sus cosas no era un simple gasto, sino una inversión para cerrar un capítulo de su vida sin tener que empezar de cero otra vez. No se trataba solo de muebles, sino de recuerdos, esfuerzos y años de trabajo.
“Pagué 10.600 dólares por traer un contenedor con todas mis cosas, pero no traje carro”, contó en uno de sus videos. Aclaró que lo hizo de manera consciente, porque para ella conservar esos objetos era una forma de llevarse consigo una parte importante de su historia en Estados Unidos.
Como era de esperar, el monto del envío desató una avalancha de comentarios. Muchos usuarios aseguraron que con ese dinero se podía amueblar una casa completa en Ecuador sin problemas. Otros, en cambio, defendieron su postura, señalando que no todo en la vida se mide en dinero y que hay cosas que simplemente no se reemplazan.
Ante las críticas, la cubana fue clara: esto no era una compra, era un proceso emocional. “Yo necesitaba tranquilidad y un cambio”, afirmó, dejando claro que su prioridad no era ahorrar, sino recuperar paz mental.
También explicó por qué no incluyó su carro en el contenedor. Según contó, el programa ecuatoriano Retorno a Casa permite ingresar bienes personales sin pagar impuestos, pero su vehículo no calificaba por el año de fabricación. “Mi carro era del 2017 y no calificaba, por eso no lo traje”, aclaró.
Su historia conectó especialmente con otros migrantes, quienes entendieron perfectamente lo que significa dejar atrás una vida entera. Muchos comentaron desde la empatía, recordando lo duro que es reducir años de trabajo y recuerdos a unas pocas maletas.
“Solo los inmigrantes saben lo duro que es meter una vida en maletas y dejar el resto atrás”, escribió una seguidora, resumiendo el sentimiento de miles de personas que han pasado por lo mismo.
Aunque recibió críticas por el dinero invertido, también obtuvo mucho apoyo. En uno de sus videos dejó una frase que resume su filosofía: “Cada migración se vive distinto”. Para ella, no existe una fórmula correcta para emigrar o regresar; cada quien decide según sus circunstancias y emociones.
El debate siguió creciendo cuando algunos usuarios insistieron en que hubiera sido más barato comprar todo nuevo en Ecuador. Sin embargo, otros recordaron que el valor sentimental de las cosas no se puede medir en dólares.
“Irme de Estados Unidos no fue perderlo todo. Fue traerme mi vida completa de vuelta”, afirmó. Para ella, la verdadera ganancia fue la paz de saber que no dejó atrás lo que tanto le costó construir.
Su historia demuestra que migrar —o regresar— no es solo una decisión económica, sino profundamente personal. Y aunque muchos no lo entiendan, para ella, llevarse su vida en un contenedor fue la mejor forma de empezar de nuevo sin perderse a sí misma.










