Revelan imágenes de las obsoletas aeronaves de defensa con las que cuenta el régimen para enfrentar una supuesta invasión

Redacción

El periodista Mario J. Pentón sacó a la luz imágenes inéditas que confirman lo que muchos sospechaban desde hace años: la defensa aérea del régimen cubano es poco más que un museo oxidado, justo en un momento de máxima presión de Washington para forzar un cambio político en la isla.

Según explicó al reportero el militar exiliado Luis Domínguez, miembro del Frente de Resistencia Histórica Cubana, el último lote significativo de armamento moderno que recibió Cuba data de los años noventa, cuando Rusia todavía mantenía cierta logística con La Habana tras el colapso de la Unión Soviética. Desde entonces, el reloj se detuvo… y el deterioro avanzó sin freno.

Domínguez, exoficial de la inteligencia militar cubana, fue tajante: desde hace más de tres décadas el régimen no adquiere tecnología militar de última generación. Lo que hoy se exhibe en desfiles y maniobras defensivas es, en su mayoría, equipamiento soviético reacondicionado, muchas veces inservible y sin repuestos oficiales. Más escenografía que capacidad real.

Estos señalamientos coinciden con informes del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), que ubican la última compra de armamento extranjero de Cuba en 1991. El resto del arsenal depende de viejos envíos soviéticos de las décadas de 1970 y 1980, armas que sobreviven a base de inventos, parches y mucha propaganda.

Las imágenes difundidas por Pentón hablan por sí solas. Aeronaves de combate visiblemente deterioradas, fuselajes corroídos, interiores abandonados y una flota aérea que apenas se mantiene en pie. En paralelo, cuentas oficiales del castrismo publican escenas de jóvenes reclutas entrenando con armas oxidadas, sin cascos ni protección adecuada, en condiciones que rozan lo temerario.

Todo esto ocurre mientras el régimen intenta proyectar fuerza en medio del aumento de las presiones estadounidenses, especialmente tras los recientes acontecimientos en Venezuela. La narrativa belicista choca de frente con la realidad material de unas Fuerzas Armadas que sobreviven más por el discurso que por la capacidad operativa.

Bajo el liderazgo de Donald Trump y con Marco Rubio al frente de la diplomacia estadounidense hacia la región, Washington ha endurecido el cerco político y económico contra La Habana, presionando además a aliados como México y Venezuela para que corten cualquier respaldo energético o militar.

Los números no mienten. Según el Global Firepower Index 2026, Cuba ocupa el puesto 117 de 145 países en capacidad militar, por debajo incluso de naciones con recursos mucho más limitados. Su fuerza aérea apenas conserva una docena de MiG en condiciones de vuelo, y la marina se reduce a patrulleras costeras sin poder ofensivo real.

Detrás del uniforme y la consigna, el poder militar del régimen cubano es puro cartón pintado. Mucho ruido, mucha épica reciclada… y un arsenal que ya no asusta a nadie.

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