El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó este jueves una orden ejecutiva que declara una emergencia nacional por la amenaza que representan las acciones del Gobierno cubano para la seguridad nacional y la política exterior estadounidense. La medida, emitida desde la Casa Blanca, entrará en vigor el 30 de enero de 2026 y marca un nuevo punto de inflexión en la relación entre Washington y La Habana.
El documento es directo y sin rodeos. Según la orden, el régimen cubano constituye “una amenaza inusual y extraordinaria” debido a su alineamiento con actores hostiles a Estados Unidos, entre ellos Rusia, China, Irán, Hamas y Hezbollah. Para la administración Trump, La Habana dejó hace rato de ser solo un problema regional y pasó a convertirse en una pieza activa dentro de un tablero geopolítico mucho más peligroso.
La Casa Blanca sostiene que Cuba alberga adversarios de alto riesgo y permite la instalación de capacidades militares y de inteligencia que comprometen directamente la seguridad estadounidense. El texto subraya que la isla mantiene la mayor base de inteligencia rusa fuera de Rusia y que, además, continúa profundizando su cooperación militar y de inteligencia con el régimen chino.
La acusación va aún más lejos. Washington señala que el Gobierno cubano ofrece un entorno favorable para grupos como Hezbollah y Hamas, facilitándoles vínculos económicos, culturales y de seguridad en la región. Un señalamiento grave que refuerza la narrativa de Cuba como plataforma de operaciones para actores terroristas y redes hostiles.
La orden ejecutiva también denuncia que el régimen comunista respalda el terrorismo, desestabiliza la región a través de la migración forzada y la violencia, y viola sistemáticamente los derechos humanos, reprimiendo a opositores y restringiendo libertades básicas como la de expresión, culto y prensa.
“Estados Unidos tiene tolerancia cero con las depredaciones del régimen comunista cubano”, afirma el texto, dejando claro que la paciencia de Washington se agotó. El documento recalca que las acciones que se adopten buscarán proteger la seguridad nacional y la política exterior estadounidense, mientras se mantiene el compromiso con las aspiraciones del pueblo cubano a una sociedad libre y democrática.
Uno de los puntos más contundentes del decreto es la creación de un sistema de sanciones arancelarias que permitirá imponer gravámenes adicionales a las importaciones provenientes de países que vendan o suministren petróleo a Cuba, ya sea de forma directa o indirecta. Una medida diseñada para cerrar el grifo energético y dejar aún más expuesto al régimen.
La orden asigna al secretario de Comercio la responsabilidad de determinar qué países participan en ese tipo de operaciones, mientras que el secretario de Estado, en coordinación con otras agencias, decidirá si se aplican los aranceles y en qué magnitud. El texto también faculta a ambos funcionarios a emitir normas y regulaciones para ejecutar las medidas y deja abierta la puerta a modificaciones en caso de represalias o cambios en el escenario internacional.
El Departamento de Estado deberá además monitorear y reportar periódicamente al Congreso sobre el desarrollo de la emergencia nacional y las acciones derivadas de esta decisión, conforme a la legislación vigente. La orden se apoya en la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional, la Ley de Emergencias Nacionales y el Título 3 del Código de los Estados Unidos.
En un comunicado complementario, la Casa Blanca explicó que la medida forma parte de la estrategia de Trump para proteger a Estados Unidos frente a las “acciones malignas” del régimen cubano, al que vuelve a describir como aliado de gobiernos y grupos hostiles y como refugio de organizaciones terroristas.
Washington recordó que esta decisión se inscribe en la política de “Estados Unidos primero” y da continuidad al endurecimiento iniciado desde el primer mandato de Trump. En junio de 2025, el presidente ya había firmado un memorando de seguridad nacional y aplicado restricciones de viaje a ciudadanos cubanos por el papel del país como patrocinador del terrorismo y su falta de cooperación migratoria y judicial.
La combinación de tensión geopolítica en el Caribe y el colapso interno acelerado en Cuba ha encendido las alarmas internacionales. Según la agencia EFE, varias embajadas y empresas extranjeras estarían actualizando discretamente sus protocolos de evacuación ante la posibilidad de un escenario de emergencia mayor en la isla.
Mientras el régimen intenta vender normalidad, la realidad es otra: Cuba queda cada vez más aislada, señalada y acorralada, no solo por su fracaso interno, sino por haberse convertido en un peón peligroso dentro del ajedrez global. Si quieres, puedo reforzar aún más el enfoque en cómo esta orden golpea directamente la ya frágil economía cubana y acelera el desgaste del poder en La Habana.










