“Es mentira”, dice CUPET: la realidad del combustible en Cuba cuenta otra historia

Redacción

En medio de apagones, colas eternas y gente viviendo con el corazón en la boca, CUPET salió a apagar un fuego… al menos en el papel. La Unión Cuba-Petróleo negó en las últimas horas una información que se había regado como pólvora en redes sociales: que se había detenido por completo el abastecimiento de combustible en los servicentros del país. Según la empresa estatal, todo eso era falso.

La aclaración llegó en forma de una nota breve, publicada en sus perfiles oficiales, sin muchos rodeos ni detalles técnicos. En el mensaje, CUPET fue tajante y aseguró que no se ha detenido el suministro de combustible a la red de servicentros en Cuba. Punto final. O al menos eso intentaron.

Para reforzar el desmentido, la empresa acompañó el mensaje con una captura del supuesto “comunicado conjunto” entre CUPET y el Ministerio de Turismo, un texto que se había viralizado rápidamente justo porque encajaba demasiado bien con la crisis real que vive el país. Cuando algo suena creíble en Cuba, suele ser porque la gente ya lo está viviendo.

CUPET también pidió a la población que se informara solo por los canales oficiales y los medios nacionales, insistiendo en evitar rumores. El problema es que, cuando la realidad contradice el discurso, los rumores suelen caminar más rápido que las notas oficiales.

La famosa “nota falsa” que encendió las alarmas estaba fechada el 29 de enero y se atribuía —falsamente— a CUPET y al MINTUR. En ella se afirmaba que, debido a la crisis energética y al endurecimiento del bloqueo estadounidense, se había decidido detener temporalmente el abastecimiento general de combustibles en gasolineras y puntos de venta estatales.

El texto explicaba la supuesta medida como consecuencia de interrupciones en los suministros importados, provocadas por sanciones extranjeras y acciones hostiles. Todo, por supuesto, envuelto en el lenguaje épico de siempre.

No faltaban las referencias al “bloqueo genocida”, los llamados a la unidad y la disciplina, ni las exhortaciones a la solidaridad del pueblo. También se anunciaba que el combustible sería priorizado para sectores estratégicos, mientras se pedía a la población evitar desplazamientos “no esenciales”.

Para rematar, el falso comunicado cerraba con consignas clásicas como “¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!”, un detalle que hizo que muchos lo dieran por auténtico sin pensarlo dos veces.

Sin embargo, más allá de que el documento fuera falso, la reacción ciudadana dejó claro que el problema es real. En redes sociales, decenas de personas señalaron que el combustible sigue sin aparecer en muchos CUPET del país. “Podrán decir que es mentira, pero la realidad en la calle es otra”, escribió un usuario.

Los comentarios se acumularon rápidamente. Personas con tickets desde hace semanas, estaciones donde el avance es mínimo o nulo, venta de gas detenida sin explicación y sospechas de que el combustible se prioriza para ventas en dólares. En Santiago, La Habana y otras provincias, el patrón se repite.

También surgieron denuncias de irregularidades, favoritismos y corrupción. Turnos que se cobran, combustible que “desaparece” y una sensación general de que el sistema no funciona para la mayoría.

Todo esto ocurre en un contexto especialmente tenso. Justo cuando circuló el falso comunicado, el presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva que permite imponer aranceles a países que suministren petróleo a Cuba, elevando aún más la presión internacional.

Según Washington, el régimen cubano mantiene vínculos con actores considerados hostiles y representa una amenaza para la estabilidad regional. De acuerdo con análisis internacionales, esta ofensiva busca acelerar el colapso de un sistema ya debilitado por la crisis interna y la pérdida de aliados clave.

Aunque CUPET niega que se haya detenido el abastecimiento, lo cierto es que su desmentido no ofrece cifras, plazos ni explicaciones concretas. No aclara cuándo se normalizará la situación ni por qué tantas personas siguen sin acceso al combustible.

Esa falta de respuestas, sumada al malestar social y a la presión externa, refuerza una percepción cada vez más extendida: la crisis energética es más profunda de lo que las autoridades están dispuestas a admitir.

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