Lo botaron del ISA por un post en Facebook: el caso que desnuda la censura en Cuba

Redacción

El profesor y dramaturgo cubano Roberto Viña Martínez acaba de convertirse en otro nombre más en la larga lista de intelectuales castigados por decir lo que piensa. En un post publicado en Facebook, Viña contó sin rodeos que fue expulsado de todas las instituciones donde impartía clases, luego de expresar opiniones críticas sobre el concepto oficial de “soberanía” y la realidad que vive Cuba hoy. No fue un rumor ni un chisme de pasillo: fue una expulsión directa, fulminante y sin derecho a pataleo.

Según explicó el propio profesor, la decisión fue completamente arbitraria y tuvo un impacto brutal en su ya precaria economía. Con una sola firma, perdió más del 70 % de sus ingresos salariales, en un país donde sobrevivir se ha convertido en un acto de malabarismo diario. Todo esto ocurre, además, en medio de una crisis económica que no da tregua y que golpea con especial dureza a quienes viven de su salario estatal.

Viña Martínez se desempeñaba como docente en el Instituto Superior de Arte (ISA), una de las instituciones más importantes del país. Sin embargo, eso no lo protegió. Él mismo asegura que su expulsión se debe a un post en redes sociales y a su “disenso político”, algo que —según recuerda— nunca fue un problema en años anteriores. O sea, pensar diferente estaba permitido… hasta que dejó de estarlo.

En su publicación, el profesor no se guardó nada. “Apenas un post sirve de pretexto para que la soberanía de los perros de palacio y de los comisarios culturales se pongan en acción”, escribió, dejando claro que detrás de su salida no hay razones académicas, sino puro control ideológico. También subrayó que fue apartado de una labor que realiza con seriedad, sin buscar premios ni privilegios, solo por no ser “conveniente”.

El texto que desató la tormenta lleva por título “Hablemos de soberanía” y es una reflexión directa y demoledora sobre lo que Viña considera la gran farsa del discurso oficial. Para él, la soberanía que se vende desde el poder no es más que un slogan vacío, muy lejos de lo que vive la gente común en la calle.

En ese análisis, el profesor lanza una frase que duele por lo certera: un país envejecido, hambriento y psicológicamente agotado no puede llamarse soberano ni orgulloso. Según Viña, la verdadera soberanía no se proclama, se construye, y Cuba está cada vez más lejos de eso.

También arremetió contra la responsabilidad directa del régimen en el deterioro de pilares básicos como la educación, la producción, la salud y la energía. Lo dijo claro y sin adornos: no puede existir soberanía alimentaria sin comida, ni soberanía energética en una Isla que parece anclada en el Medioevo.

Lejos de callarse o hundirse, Roberto Viña anunció que se reinventará fuera de las instituciones oficiales. Seguirá enseñando, creando y formando, pero desde lo que él llama “la soberanía de la decencia”. Para el dramaturgo, el teatro y la creación siguen siendo herramientas esenciales para no perder la cordura en medio del caos.

El caso de Viña Martínez no es aislado. Cada vez son más los profesores, artistas y profesionales cubanos que pagan un alto precio por expresar opiniones críticas. La censura y la represión dentro de universidades e instituciones culturales siguen siendo el pan de cada día en un país donde pensar diferente todavía se considera un delito no escrito.

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