Miguel Díaz-Canel volvió a encender la retórica este viernes, señalando a Estados Unidos como el culpable de una supuesta “agresividad imperialista” creciente contra Cuba. Según el gobernante, la isla se prepara para enfrentar “nuevas provocaciones y amenazas”, aunque el país real apenas resiste apagones y escasez diaria.
Durante el Pleno Extraordinario del Comité Provincial del Partido Comunista en La Habana, Díaz-Canel pintó un panorama de heroísmo y victimización, asegurando que “el imperialismo está envalentonado y ha puesto nuevamente su mirada sobre Cuba con una agresividad que crece cada día”.
El mandatario no dudó en apuntar directamente a figuras estadounidenses, responsabilizando a Donald Trump y Marco Rubio de liderar un plan para “asfixiar totalmente a la isla y forzar su rendición”. A su juicio, todo esto forma parte de un modelo imperial decadente que se sostiene a base de violencia, coerción y mentira para mantener el control global.
“Cuando un imperio está en decadencia, es totalmente irracional. Lo que se puede esperar de él es arrogancia, prepotencia, chantaje y medidas coercitivas”, afirmó Díaz-Canel, tratando de justificar con grandilocuencia la precariedad interna de Cuba.
No faltó su tradicional ataque a las redes sociales, a las que calificó como “el destape del enjambre anexionista”, culpables, según él, de celebrar las sanciones y medidas de Washington contra la isla. También aseguró que lo que más preocupa al imperio es “el ejemplo de Cuba y los resultados sociales alcanzados en 65 años”, ignorando la realidad de escasez, apagones y migración masiva que viven los cubanos hoy.
En su discurso, Díaz-Canel advirtió que Cuba enfrentará cualquier medida adicional con “coraje y valentía” y aseguró que “nunca la rendición será la opción”, aunque su país está cada vez más aislado y dependiente de aliados como Rusia y China.
A pesar de esta retórica beligerante, el mandatario también mencionó que la isla “tiene disposición para dialogar con Estados Unidos”, siempre y cuando el intercambio se haga sin presiones. Una declaración que choca con la dureza de sus palabras anteriores y refleja el equilibrio precario de un régimen que teme quedar atrapado entre sus aliados y la presión internacional.
Estas declaraciones llegan en un momento delicado, con las relaciones entre Washington y La Habana deterioradas tras la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores en Venezuela durante una operación militar estadounidense. El régimen cubano ha reiterado su respaldo al expresidente venezolano, alertando de manera constante sobre un supuesto plan similar de Estados Unidos contra Cuba, mientras la población sigue cargando con las consecuencias de décadas de mala gestión.










