El embajador ruso ante la ONU, Vasili Nebenzia, decidió hablar claro y sin rodeos. En medio del aumento de las tensiones entre Washington y La Habana, y tras la sorpresiva captura de Nicolás Maduro, el diplomático trazó un paralelismo directo entre Venezuela y Cuba, dejando un mensaje que suena más a advertencia que a simple análisis.
En declaraciones a la televisión estatal rusa, citadas por EFE, Nebenzia aseguró que el escenario venezolano no es replicable en Cuba, porque —según su versión— en la isla no existen grietas internas dentro del aparato de poder. Para Moscú, la caída de Maduro no fue casualidad, sino consecuencia de una traición desde adentro.
“En Venezuela hubo una traición evidente, y de eso se habla abiertamente”, afirmó el embajador, señalando que parte de la cúpula política le dio la espalda al mandatario chavista. Acto seguido, remató con una frase que no dejó espacio a interpretaciones: “Ese numerito no funcionará en Cuba”.
Las palabras llegan en uno de los momentos más frágiles para el régimen de La Habana. Cuba atraviesa una crisis energética severa, un malestar social creciente, sanciones estadounidenses cada vez más duras y una dependencia casi desesperada del petróleo ruso, luego del colapso del suministro venezolano.
Más que un comentario coyuntural, la intervención de Nebenzia se sintió como una profecía política cuidadosamente calculada. Al descartar cualquier posibilidad de traición interna, el diplomático ruso sugirió que el régimen cubano resistirá tanto la presión externa como el desgaste interno, sin resquebrajarse desde dentro.
La declaración cobra aún más peso tras la captura de Nicolás Maduro a inicios de enero de 2026, un hecho que Moscú ha calificado como una “agresión militar” de Estados Unidos. Aunque Nebenzia evitó detallar cómo se produjo la supuesta traición en Venezuela, el mensaje fue inequívoco: en Cuba, la élite gobernante sigue cerrando filas.
Para el Kremlin, la isla ocupa un lugar clave en su tablero regional. Venezuela era el principal aliado ruso en América Latina, y ahora Cuba queda como el segundo pilar estratégico en la zona. Sin embargo, es un pilar cada vez más inestable.
Durante 2024, Rusia envió a Cuba unos 6.000 barriles diarios de petróleo, según datos del Instituto de Energía de la Universidad de Texas. Ese flujo ha funcionado como un salvavidas para un sistema eléctrico al borde del colapso. Pero con la nueva orden ejecutiva de Donald Trump, que amenaza con aranceles a los países que suministren crudo a la isla, esa línea de vida pende de un hilo.
Desde La Habana, la reacción fue previsible. El régimen calificó la medida estadounidense como una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional de EE.UU., repitiendo la retórica habitual. Desde Moscú, el tono fue más alarmista. El Kremlin advirtió sobre los riesgos de un “bloqueo total” y denunció lo que considera una ofensiva para forzar un cambio de régimen.
La tensión subió otro escalón cuando Trump habló sin eufemismos. En un acto público en Washington, afirmó que el régimen cubano está en vías de colapso. “Parece que no podrá sobrevivir. Cuba no podrá sobrevivir”, dijo el presidente estadounidense, sin disimular su desprecio por el sistema imperante en la isla.
Aunque rechazó el término “ahogar” para describir su política, Trump sí calificó a Cuba como una “nación en decadencia” y aseguró sentir compasión por un pueblo maltratado durante décadas. “Tenemos muchos cubanoamericanos que fueron tratados muy mal y probablemente quieran regresar”, añadió.
Un día antes, Trump había firmado la orden ejecutiva que apunta directamente al combustible, buscando cortar uno de los últimos suministros que mantienen al régimen respirando.
Ante ese cerco, Moscú ha redoblado gestos de respaldo. En marzo de 2025, Rusia y Cuba firmaron un acuerdo de cooperación militar que consolidó aún más su alianza. Más recientemente, el ministro del Interior ruso, Vladímir Kolokóltsev, visitó La Habana y se reunió con Raúl Castro, en una señal clara de apoyo político y de seguridad.
Durante esa visita, Kolokóltsev condenó el operativo estadounidense en Venezuela y lo calificó de agresión militar, expresando incluso condolencias por agentes venezolanos fallecidos. Putin, por su parte, ha evitado confrontar directamente a Trump, pero ha reiterado que Rusia respalda la “soberanía” cubana.
Las palabras de Nebenzia encajan en esa narrativa. Al negar la posibilidad de traidores en Cuba, el Kremlin no solo elogia la lealtad interna del régimen, sino que lanza un aviso directo a Washington: si alguien espera repetir en La Habana el guion de Caracas, puede encontrarse con un muro más duro… y más caro de tumbar.










