Régimen cubano se baja la saya ante presiones de Trump y emite comunicado oficial pidiendo diálogo y cooperación con Estados Unidos

Redacción

El régimen cubano volvió a sacar el manual de relaciones públicas este domingo al difundir una declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores, donde asegura que “condena el terrorismo en todas sus formas” y dice estar dispuesto a cooperar con Estados Unidos en asuntos de seguridad. El problema es que este discurso llega tarde, mal y sin credibilidad, justo cuando La Habana vuelve a estar bajo la lupa de Washington.

Según el comunicado del MINREX, Cuba estaría abierta a colaborar en temas como lavado de dinero, narcotráfico, ciberseguridad y trata de personas, áreas en las que el propio Estado cubano ha sido señalado durante años por su opacidad y falta de controles reales. Aun así, el régimen insiste en presentarse como un socio confiable, aunque la realidad cuente otra historia.

La declaración afirma que Cuba no alberga, no apoya, no financia ni permite la presencia de organizaciones terroristas o extremistas, y que mantiene una supuesta política de “tolerancia cero” frente al financiamiento del terrorismo. Un mensaje que choca de frente con los antecedentes del país y con la larga lista de figuras polémicas que han pasado cómodamente por la isla bajo el amparo del poder.

En ese mismo intento de limpieza de imagen, La Habana rechazó ser considerada una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos y negó la existencia de bases militares o de inteligencia extranjeras en su territorio. Todo muy bonito sobre el papel, pero difícil de sostener cuando el régimen mantiene alianzas estratégicas con gobiernos y actores hostiles a Washington.

Sobre los individuos acusados de terrorismo que han sido acogidos en la isla, el MINREX trató de justificar lo injustificable. Según su versión, cualquier vínculo previo con personas luego catalogadas como terroristas ocurrió únicamente en “contextos humanitarios” relacionados con procesos de paz reconocidos internacionalmente y a petición de otros gobiernos. Una explicación que suena más a excusa diplomática que a verdad transparente.

El régimen también aseguró que no ha respaldado acciones hostiles contra Estados Unidos ni permitirá que su territorio se utilice para esos fines. Al mismo tiempo, afirmó estar dispuesto a retomar la cooperación bilateral frente a lo que llama “amenazas transnacionales compartidas”, siempre dejando claro que no piensa ceder un milímetro en su discurso de soberanía e independencia, ese que usa como escudo para justificarlo todo.

Este pronunciamiento llega en medio de un nuevo pico de tensión entre Washington y La Habana, después de que la administración de Donald Trump anunciara restricciones al envío de petróleo hacia Cuba, acusando directamente al régimen de representar un riesgo para la seguridad estadounidense.

El propio Trump confirmó que existen conversaciones con altos funcionarios del régimen cubano y dejó caer que un acuerdo podría ser posible. Sin embargo, mientras La Habana siga atrapada en su doble discurso y en su necesidad constante de culpar a otros, cualquier intento de acercamiento seguirá caminando sobre hielo fino.

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