Reconocida médium Monhi Vidente augura la caída del régimen cubano para el 26 de julio del 2026

Redacción

La médium y figura mediática Monhi Vidente volvió a colocarse en el centro del debate cubano tras asegurar que el régimen en Cuba llegará a su fin el 26 de julio de 2026, exactamente 66 años después de la consolidación del poder revolucionario.

Según la vidente, ese día “Cuba será libre”, una afirmación que extendió incluso hasta el 27 de julio, enlazándola con el cierre del Mundial de Fútbol y con una serie de cambios políticos globales que, en su lectura, marcarán el año 2026 como un punto de quiebre.

El mensaje, difundido en plataformas digitales y ampliamente compartido en redes sociales, no tardó en provocar reacciones encontradas entre cubanos dentro y fuera de la Isla, desde quienes se aferran a cualquier señal de esperanza hasta quienes reciben este tipo de predicciones con escepticismo aprendido a golpes.

Monhi Vidente no se limitó a Cuba. En su pronóstico incluyó también a Venezuela, Nicaragua e Irán, países que —según ella— se liberarían de sus dictaduras ese mismo año. En el caso cubano, subrayó el simbolismo del número “66”, al que atribuye un significado especial dentro de sus interpretaciones.

La fecha elegida no es casual. El 26 de julio, Día de la Rebeldía Nacional, es uno de los pilares simbólicos del relato revolucionario, asociado al asalto al Cuartel Moncada en 1953. Que una supuesta caída del régimen coincida con esa jornada resulta, como mínimo, irónico: el día que el poder celebra su origen, sería también —según la profecía— el de su final.

Más allá del componente místico, el contexto político real alimenta el debate. En 2026, Cuba atraviesa una de las crisis más profundas de su historia, con una economía colapsada, apagones interminables, desabastecimiento crónico y una creciente presión internacional.

Estados Unidos, bajo la administración de Donald Trump, ha endurecido su postura hacia La Habana, llegando a declarar una emergencia nacional al considerar que las acciones del régimen representan una “amenaza inusual y extraordinaria” para su seguridad nacional. A esto se suma la nueva orden ejecutiva que contempla aranceles contra países que suministren petróleo a Cuba, una medida que golpea directamente el ya frágil sostén energético del régimen.

El escenario se volvió aún más tenso tras la captura de Nicolás Maduro en Venezuela a inicios de enero, un hecho que removió uno de los principales aliados políticos y económicos de La Habana, dejando al régimen cubano más aislado que nunca.

Desde el oficialismo, la respuesta ha sido la de siempre. El canciller Bruno Rodríguez calificó la política estadounidense como una “agresión brutal”, mientras Miguel Díaz-Canel acusó a Washington de intentar asfixiar la economía cubana bajo “pretextos mendaces”, sin asumir responsabilidad alguna por décadas de mala gestión, corrupción y control militar de los recursos.

En paralelo, entre la diáspora cubana, las palabras de Monhi Vidente han servido como catalizador de discusiones más profundas sobre el futuro de la Isla. Algunos ven en su pronóstico una simple coincidencia simbólica, otros lo descartan como espectáculo mediático, y no faltan quienes, agotados de esperar señales reales, se permiten creer aunque sea por un instante.

Lo cierto es que no hace falta una vidente para confirmar que el régimen cubano está en su punto más débil. La pregunta no es si el sistema está agotado, sino cuándo y cómo se producirá el cambio.

Mientras tanto, la fecha lanzada por Monhi Vidente flota en el imaginario colectivo como una mezcla de esperanza, incredulidad y hartazgo. Porque en Cuba, más allá de profecías, lo que sobra no son predicciones… sino razones para pensar que nada puede seguir así mucho tiempo más.

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