La central termoeléctrica Antonio Guiteras, el mayor bloque unitario de generación eléctrica de Cuba, continúa este lunes fuera del Sistema Electroenergético Nacional, atrapada en un mantenimiento que se extiende sin fecha clara y con nuevas sorpresas técnicas bajo la manga.
Según el periódico oficialista Girón, los trabajos se concentran ahora en una avería detectada en la llamada Nodriza, una estructura situada en la parte inferior de la caldera. El problema apareció, paradójicamente, durante una prueba hidráulica que debía allanar el camino para el arranque, pero terminó frenándolo todo otra vez.
El director técnico de la planta, Román Pérez Castañeda, aseguró que las labores marchaban “según cronograma”, aunque tuvo que admitir que el hallazgo del nuevo defecto impide, por ahora, cualquier intento de sincronización con el SEN. En otras palabras: no estaba todo tan controlado como decían.
Para llegar al tubo averiado, explicó el propio directivo, es necesario romper grandes volúmenes de escoria y material refractario acumulado dentro del horno, un trabajo pesado que hace imposible precisar cuánto tiempo tomará la reparación. La frase “en el peor escenario trabajaríamos todo el día de hoy” suena más a deseo que a garantía, y deja claro lo frágil del proceso.
La Guiteras salió del sistema el jueves pasado por un sobreconsumo de agua, otro síntoma recurrente de una infraestructura envejecida, forzada a operar al límite y parchada una y otra vez sin soluciones estructurales. Cada salida “programada” termina convertida en una cadena de imprevistos que alargan la agonía eléctrica del país.
Todo esto ocurre mientras Cuba vive apagones diarios, déficit de generación y escasez crónica de combustible, en un sistema eléctrico devastado por décadas de desinversión, mala gestión y decisiones políticas que priorizaron el control sobre la eficiencia.
Aunque el discurso oficial insiste en transmitir calma y dominio técnico, la aparición constante de fallos “nuevos” durante reparaciones supuestamente planificadas vuelve a desnudar la realidad: el parque termoeléctrico cubano está agotado y funciona más por inercia que por confiabilidad.
La Antonio Guiteras, presentada durante años como la columna vertebral del sistema eléctrico, se ha convertido en el símbolo perfecto del modelo energético del régimen: grande, vieja, sobreexplotada… y siempre a punto de fallar.










