Trump vuelve a llamar “Estado fallido” a Cuba y habla de contactos al más alto nivel del poder con el régimen para negociar su salida

Redacción

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a poner el dedo en la llaga y calificó a Cuba, sin rodeos, como un “Estado fallido”, dejando claro que para Washington el régimen ya no tiene cómo sostenerse ni por dentro ni por fuera.

Durante un intercambio con la prensa este domingo en Mar-a-Lago, Trump fue tajante: “Cuba es un Estado fallido desde hace mucho tiempo, pero ahora ya no tiene quién la aguante”. Una frase que resume, en pocas palabras, el colapso económico, político y social que vive la isla.

El mandatario confirmó además que su administración mantiene conversaciones con figuras clave dentro de Cuba, contactos que describió como “las más altas”, con el objetivo de evaluar los próximos movimientos de la política estadounidense hacia La Habana. Sin dar nombres ni detalles, dejó entrever que algo se está moviendo tras bambalinas.

Trump también envió un mensaje directo al exilio cubano, especialmente a quienes —según dijo— fueron “tratados horriblemente por el régimen comunista”. Expresó su deseo de que muchos puedan regresar a la isla y hacer lo que tengan que hacer, una frase cargada de significado para quienes llevan décadas esperando un cambio real.

Recordó que miles de cubanoamericanos tienen a sus familias atrapadas en la isla, sin poder verlas durante años, mientras el régimen sigue usando la migración como válvula de escape y herramienta política.

En su valoración, Cuba atraviesa una crisis humanitaria sin precedentes, producto directo de un sistema fracasado que ya no funciona ni siquiera para sobrevivir. Trump fue claro al afirmar que su gobierno no tolerará más las acciones del régimen comunista, al que responsabiliza del desastre actual.

El presidente insistió en que el colapso cubano no es coyuntural ni provocado desde afuera, sino la consecuencia lógica de décadas de mala gestión, represión y control absoluto del poder. “Esto es el derrumbe total de un sistema que no sirve”, vino a decir, sin maquillaje ideológico.

Las declaraciones refuerzan la línea dura de la Casa Blanca contra Miguel Díaz-Canel y la cúpula que realmente manda, y coinciden con la reciente orden ejecutiva que declara una emergencia nacional, al considerar que las acciones del régimen cubano representan una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad de Estados Unidos.

En los últimos meses, Washington ha endurecido las sanciones, mientras trabaja para cerrar el grifo del petróleo que aún llega desde países aliados del castrismo, como México y Venezuela, dejando al régimen cada vez más aislado y sin oxígeno energético.

Para analistas en Washington, la insistencia de Trump en definir a Cuba como “Estado fallido” no es solo retórica. Forma parte de una estrategia de presión sostenida destinada a forzar una transición política, esta vez sin rescates externos ni cuentos épicos.

El mensaje es claro: el tiempo del castrismo se agota, y esta vez no hay petróleo, ni dinero, ni aliados dispuestos a salvarlo.

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