El humorista cubano Ulises Toirac volvió a prender las redes sociales con un texto largo, directo y sin anestesia, donde deja claro su hastío con la polarización política, el dogmatismo y la deriva del país. Nada de medias tintas. Nada de consignas cómodas.
En una publicación en Facebook, Toirac confesó estar cansado de la “gritería online” y de los que le exigen definirse a la fuerza, como si Cuba fuera una película del oeste. “¿Estás con los indios o con los cowboys?”, le repiten. Su respuesta fue tajante: con ninguno.
Desde el arranque, el humorista se sacude etiquetas y desmonta el pensamiento automático. Critica a quienes no leen, no reflexionan y reaccionan como si todo fuera blanco o negro. “Ni con los indios ni con los cowboys”, sentencia, marcando distancia tanto del discurso oficial como de la épica vacía.
Toirac se posiciona, sin embargo, del lado que casi nunca aparece en los discursos: los de abajo. Los que caminan kilómetros porque o llegan rápido o compran pan. Los que no tienen planta eléctrica para escapar del SEN. Los que ven cómo el salario se evapora el mismo día que lo cobran. Los que se saltan comidas para poder comer algo al final del día. Ahí está su bando.
Sobre el tema de las sanciones estadounidenses, no se anda con rodeos. No las defiende, pero tampoco las convierte en excusa universal. “No quiero bloqueo, embargo o como quieran llamarle, porque al final el que aprieta es el de abajo”, escribe, dejando claro que el golpe nunca le llega a la cúpula.
A partir de ahí, desmonta una de las fantasías más repetidas en redes: la idea de una sublevación inmediata. Para Toirac, eso no ocurre por razones concretas, empezando por la ausencia total de liderazgo, resultado directo de una represión sistemática que, desde 1959, no ha permitido que nadie crezca sin ser aplastado. “El que haga sombra, se va”, ironiza.
Pero no se queda solo ahí. También le pasa factura a la oposición, a la que acusa de destruir cualquier figura emergente antes de que pueda cuajar. Y lanza una pregunta incómoda que casi nadie quiere responder: después de tumbar al desgobierno, ¿qué hay realmente en el menú? No nombres, no caras. Poderes.
Ulises descarta una anexión a Estados Unidos y ve improbable cualquier escenario bélico. Con su sarcasmo habitual, recuerda que aquí se escapa un tiro y se cae la cuadra entera. Y añade que nadie tiene capital político para una guerra en este “traspatio” olvidado.
También pincha el mito de la Cuba pacífica. Recuerda la exportación de “asesores militares”, guerrilleros entrenados y causas ajenas acogidas en la Isla durante décadas. ¿Cuántos devolvieron el favor cuando Cuba los necesitó? Casi ninguno.
Cuando entra en el terreno económico, el humor se vuelve diagnóstico. Reconoce que las sanciones influyen, sí, pero apunta al verdadero elefante en el cuarto: los errores internos acumulados durante décadas. Decisiones absurdas, imposiciones agrícolas sin lógica, planes que contradicen la realidad. Resultado: ni frijoles ni remolacha.
Toirac recuerda cómo el discurso oficial ha hablado de “convertir el revés en victoria” una y otra vez, mientras se repiten las mismas recetas fallidas. Agricultura, energía, economía privada, comercio exterior, moneda. Todo con un historial largo, larguísimo.
Y cuando ya no queda mucho por desmontar, se burla de los que aún explican cada desastre con una sola palabra. “¡El Imperio, el Imperio… ñiñiñiñi!”, escribe, señalando el infantilismo político de una narrativa agotada.
El cierre apunta a lo esencial: la desconexión total entre la cúpula y los cubanos de a pie. Mientras el país vive una policrisis brutal, la respuesta del poder es inmovilismo económico, secretismo político y propaganda a granel.
El post termina con una frase que ya es símbolo del cansancio nacional, repetida entre apagones y frustración colectiva: “Apagón, qué jodido me tienes”.










