El vicecanciller cubano Carlos Fernández de Cossío aseguró que el régimen no mantiene actualmente ningún diálogo con Estados Unidos, aunque dejó claro que estaría dispuesto a iniciarlo si se cumplen ciertas condiciones impuestas por La Habana.
Las declaraciones, ofrecidas este lunes a la agencia AP, llegan en medio de una escalada de tensión bilateral y contrastan abiertamente con lo dicho por el presidente Donald Trump, quien afirmó que su administración ya conversa con “los líderes de Cuba” y que ambas partes estarían “muy cerca” de un acuerdo.
Fernández de Cossío fue enfático en negar cualquier negociación en curso. Según él, no existe “una mesa de diálogo” ni conversaciones formales con Washington. Sin embargo, acto seguido, matizó el discurso habitual del régimen y abrió una rendija.
“Estamos abiertos al diálogo. Si podemos tener un diálogo, quizás eso conduzca a una negociación”, dijo el funcionario, en un ejercicio clásico de ambigüedad diplomática cubana: negar mientras se suplica sin admitirlo.
El vicecanciller explicó que La Habana estaría dispuesta a un “diálogo informal” con Estados Unidos, siempre que se base en una “coexistencia respetuosa”, aunque dejó claro que el régimen no está dispuesto a tocar los pilares de su poder.
La Constitución, la economía centralizada y el sistema socialista, afirmó, están fuera de cualquier conversación. Es decir, diálogo sí, pero sin cambiar nada.
Las declaraciones se producen pocos días después de que Trump calificara a Cuba como “una nación fallida”, asegurara que ya no recibe dinero ni petróleo de sus antiguos aliados y anunciara sanciones contra los países que sigan suministrándole combustible a la Isla.
Mientras el régimen insiste en culpar a las sanciones, la realidad interna es devastadora. Cuba atraviesa una crisis económica profunda, marcada por apagones interminables, escasez de combustible y un desplome productivo generalizado. Según cifras oficiales, las sanciones habrían provocado pérdidas superiores a 7.500 millones de dólares entre marzo de 2024 y febrero de 2025, aunque el gobierno evita hablar de corrupción, mala gestión y control militar de la economía.
En paralelo, Moscú salió al rescate del castrismo. Esta semana, el canciller ruso Serguéi Lavrov prometió apoyo político y material a La Habana y condenó las medidas estadounidenses que afectan el suministro energético. Rusia vuelve a ocupar el papel de sostén externo, mientras la Isla se hunde.
Por otro lado, el jefe de la misión estadounidense en Cuba, Mike Hammer, continúa recorriendo el país y reuniéndose con ciudadanos comunes, una imagen que incomoda visiblemente al poder. Sus recorridos han generado tanto gestos de simpatía como episodios de hostigamiento, denunciados por el Departamento de Estado.
Washington exigió al régimen que cese la intimidación contra sus diplomáticos y dejó claro que estos seguirán “reuniéndose con el pueblo cubano pese a los intentos fallidos de intimidación”.
En el cierre de su entrevista, Fernández de Cossío volvió al libreto habitual y negó que Cuba represente una amenaza para Estados Unidos.
“Cuba es un país pacífico”, afirmó, antes de lamentar que Washington sea “la excepción” en sus relaciones internacionales.










