Un avión de carga militar ruso, sancionado por Estados Unidos, aterrizó en las últimas horas en una base aérea de Cuba y volvió a disparar las alertas en Washington, justo cuando el régimen de La Habana atraviesa uno de sus momentos más frágiles en décadas.
Se trata de un Ilyushin Il-76, una aeronave asociada directamente al aparato militar del Kremlin, cuyo patrón de vuelo ha sido vinculado por analistas estadounidenses a movimientos previos a la captura de Nicolás Maduro en Venezuela, según reportó Fox News. Un detalle nada menor en el tablero geopolítico actual.
El avión, operado por la aerolínea estatal rusa Aviacon Zitotrans, incluida en listas de sanciones de Estados Unidos, Canadá y Ucrania, fue detectado aterrizando en el aeródromo militar de San Antonio de los Baños, en Artemisa, a unos 30 kilómetros al sur de La Habana. No es cualquier aparato: este modelo se utiliza para transportar equipo militar pesado y personal, con capacidad para mover hasta 50 toneladas de carga.
Los registros de vuelo muestran que la aeronave hizo escalas en San Petersburgo y Sochi, además de Mauritania y República Dominicana, un recorrido que ha levantado cejas entre expertos. Cada autorización de sobrevuelo a un avión sancionado implica una decisión política consciente, algo que incomoda en un contexto de presión internacional contra Moscú.
El antecedente inmediato hace que el episodio pese aún más. El mismo Il-76 fue visto a finales de octubre de 2025 sobrevolando Venezuela, Nicaragua y Cuba, justo cuando las tensiones entre Washington y Caracas iban en aumento. Poco después, Estados Unidos ejecutó la operación que terminó con la captura de Maduro, dejando al régimen cubano sin su principal sostén político y energético.
Ahora el aterrizaje del carguero ruso coincide con una ofensiva directa de Donald Trump contra Miguel Díaz-Canel. La Casa Blanca declaró recientemente una emergencia nacional vinculada a Cuba, calificando al régimen como una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad de Estados Unidos, y anunció sanciones contra cualquier país que suministre petróleo a la isla sin el visto bueno de Washington.
Aunque lejos del nivel de la Guerra Fría, los vínculos militares entre Rusia y Cuba han vuelto a incomodar seriamente a Estados Unidos. En los últimos años, Moscú ha reactivado la cooperación en defensa e inteligencia con La Habana, algo que Washington observa como un riesgo estratégico a escasas millas de su territorio.
Qué transportaba exactamente el Il-76 sigue siendo un secreto. En operaciones previas en Venezuela, esta misma aeronave fue señalada por medios rusos como responsable del traslado de sistemas de defensa aérea avanzados. En el contexto actual, el silencio oficial solo alimenta la sospecha y el temor, tanto fuera como dentro de la isla.
Mientras el régimen juega a la geopolítica con potencias extranjeras, los cubanos siguen atrapados entre apagones, escasez y una economía en ruinas, observando cómo cada movimiento militar puede terminar empeorando aún más una situación ya asfixiante. Cuba vuelve a ser ficha… nunca protagonista.










