Comparecencia de Díaz-Canel no fue en directo: Un error de su gran amiga, la periodista Arleen Rodríguez, dejó al descubierto el show montado

Redacción

La comparecencia de Miguel Díaz-Canel Bermúdez, vendida por el régimen como un diálogo “en directo” con la prensa nacional y extranjera, terminó convertida en otro episodio bochornoso de televisión guionizada. Esta vez, el detalle que destapó la trampa no vino de una filtración ni de una denuncia oficial, sino de algo mucho más simple: un reloj.

En la muñeca de la periodista oficialista Arleen Rodríguez Derivet, moderadora del encuentro, el reloj marcaba una hora cercana a las cinco de la tarde. Un dato que no cuadra ni por el lado derecho ni por el izquierdo con la versión oficial de que el evento se transmitía en vivo durante la mañana de este jueves. Demasiada casualidad para un gobierno obsesionado con el control de la imagen.

Ese pequeño “descuido” refuerza la sospecha de que la comparecencia fue grabada con antelación, editada y luego presentada como si estuviera ocurriendo en tiempo real. Una puesta en escena más, pensada para simular transparencia donde solo hay cálculo y miedo a las preguntas incómodas.

La otra señal evidente del engaño estuvo en la sala. A pesar de anunciar la presencia de prensa extranjera, brillaron por su ausencia las grandes agencias internacionales independientes. Nada de EFE, AFP o AP. En su lugar, medios alineados con el poder como RT y Xinhua, voceros habituales de gobiernos autoritarios aliados de La Habana.

Para rematar, Prensa Latina fue presentada como medio “internacional”, aunque todo el mundo sabe que es una agencia estatal cubana, subordinada al mismo aparato político que dice fiscalizar. Un chiste que no causa gracia fuera del guion oficial.

Desde la cuenta de Presidencia Cuba en YouTube, el régimen difundió el video asegurando que Díaz-Canel dialogaba sobre la situación interna del país, las medidas de Estados Unidos, el apoyo internacional, Venezuela y una supuesta disposición al diálogo con Washington. Mucho tema sensible, cero preguntas incómodas.

Para amplios sectores de la sociedad cubana, sobre todo quienes siguen el pulso real del país desde redes y medios alternativos, el mensaje fue claro: el gobierno no confía ni en el “en vivo” ni en la prensa libre. Prefiere escenarios cerrados, periodistas dóciles y controles milimétricos antes que exponerse a la realidad que vive la gente en la calle.

Hasta ahora, las autoridades no han explicado si la comparecencia fue grabada previamente ni han desmentido con hechos las acusaciones de manipulación. El silencio oficial solo alimenta la duda. Y cuando un régimen tiene que fingir un “directo”, es porque la verdad le resulta demasiado peligrosa.

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