“Vienen tiempos peores”: Díaz-Canel prepara al país para más escasez, más apagones y más sacrificios

Redacción

El gobernante Miguel Díaz-Canel volvió a sacar el manual del aguante y advirtió este jueves que Cuba se encamina hacia “tiempos más difíciles”, en medio de una crisis económica, energética y social que ya tiene al país funcionando a media luz y con la paciencia ciudadana en números rojos.

Durante una comparecencia transmitida por el canal oficial de YouTube de la Presidencia, Díaz-Canel habló ante lo que se presentó como prensa nacional e internacional. Sin embargo, entre los supuestos corresponsales extranjeros figuraban viejos conocidos del aparato propagandístico: periodistas cubanos alineados con el régimen que colaboran con RT, la agencia china Xinhua en español y Prensa Latina. Más que una rueda de prensa, aquello parecía una conversación entre convencidos.

En su intervención, el mandatario reconoció sin rodeos un escenario de “desabastecimiento agudo de combustible”, una realidad que los cubanos viven desde hace meses, aunque ahora llega con sello oficial. Según explicó, el Gobierno ya tiene “directivas” para enfrentar la situación, aunque no entró en detalles concretos sobre cómo evitar que el país siga apagándose por pedazos.

Díaz-Canel insistió en que Cuba debe “sostenerse con fuentes de energía propias” y, fiel al guion, sacó a relucir a Fidel Castro, asegurando que el nuevo plan incluye ideas del fallecido líder para situaciones de contingencia energética. Orgullo ideológico, soluciones prácticas: cero.

Lejos de anunciar medidas claras o plazos reales, el gobernante optó por pedirle al pueblo más confianza en el Gobierno. Dijo que se está trabajando para “afectar menos a la población”, aunque al mismo tiempo adelantó que vendrán decisiones “restrictivas”, proyectos que se detendrán y otros que se pospondrán. Traducido al cubano de a pie: más apagones, más recortes y menos explicaciones.

El llamado al “ahorro” volvió a ocupar un lugar central en el discurso. Díaz-Canel pidió a los cubanos apretarse aún más el cinturón, como si quedara algún hueco libre después de años de escasez, inflación y salarios pulverizados.

El mandatario admitió que el año pasado fue “malo” para la economía, una descripción bastante suave para un país en contracción permanente. Aun así, defendió la inversión en parques fotovoltaicos como tabla de salvación energética, pese a que los apagones siguen siendo diarios y el sistema eléctrico continúa al borde del colapso.

Como era de esperar, el discurso no estuvo completo sin el capítulo de culpas externas. Díaz-Canel volvió a señalar a Estados Unidos como responsable de la debacle interna y aseguró que las medidas de Washington obligan al Gobierno a hacer “un trabajo muy fuerte”. Incluso pidió a los gobiernos de izquierda que se movilicen en defensa de Cuba, mientras dentro de la isla la gente se moviliza, pero para conseguir comida, gas o un poco de corriente.

Mientras el relato oficial sigue apuntando hacia afuera, la realidad dentro del país es otra: escasez generalizada, apagones interminables y un deterioro acelerado de la calidad de vida. Nada de eso fue asumido como responsabilidad directa del modelo.

“La opción de la rendición no está contemplada”, afirmó Díaz-Canel, como si alguien estuviera planteando una guerra externa y no el colapso interno de un sistema agotado. Según él, los cubanos deberían ver esta nueva etapa de carencias como “una oportunidad para ser más sostenibles”.

Para millones de ciudadanos que viven entre apagones, colas y neveras vacías, el mensaje fue claro: lo peor aún no ha pasado, y el sacrificio sigue siendo obligatorio… pero solo para los de abajo.

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