El congresista cubanoamericano Carlos Giménez volvió a colocarse en el centro del debate político sobre Cuba tras anunciar que envió cartas a las principales aerolíneas de Estados Unidos pidiéndoles que cancelen sus vuelos comerciales hacia la Isla. La noticia, que él mismo difundió en sus redes sociales, no tardó en generar reacciones tanto a favor como en contra dentro de la comunidad cubana y el ámbito político de Miami.
A través de su cuenta en X, el legislador republicano explicó que su solicitud no es simbólica ni protocolar, sino una acción directa para presionar económicamente al gobierno cubano. Según su postura, cada vuelo comercial que conecta a Estados Unidos con Cuba representa una fuente de ingresos millonarios que termina fortaleciendo al aparato estatal de la Isla.
En un video publicado junto a su mensaje, Giménez fue todavía más claro. Aseguró que estas operaciones aéreas están generando dinero que, en su opinión, no beneficia al pueblo sino que termina financiando estructuras represivas. Por eso, pidió abiertamente a las aerolíneas que suspendan los viajes en ambas direcciones.
El congresista insistió en que su llamado va dirigido especialmente a las grandes compañías estadounidenses que hoy mantienen rutas activas con aeropuertos cubanos. Desde su perspectiva, mantener negocios con el gobierno de La Habana contradice los intereses y valores de Estados Unidos.
Durante su declaración, también recordó que el gobierno cubano figura en listas estadounidenses como patrocinador del terrorismo y es considerado un adversario político. Bajo ese argumento, planteó que ninguna empresa norteamericana debería sostener vínculos comerciales que puedan traducirse en ingresos para el sistema cubano.
Su mensaje fue directo: pidió a las aerolíneas que cesen operaciones y que, según sus palabras, dejen de brindar “ayuda y consuelo” al régimen comunista. La frase, fuerte y calculada, refleja el tono frontal que ha caracterizado sus recientes intervenciones sobre la política hacia Cuba.
Esta movida política no surge en el vacío. Llega pocos días después de que varios políticos federales y locales del sur de la Florida, junto a figuras del llamado exilio histórico, respaldaran públicamente la iniciativa conocida como Parón Total.
Dicho movimiento, impulsado durante años por el influencer cubanoamericano Alex Otaola desde su programa digital, promueve cortar viajes, remesas y cualquier flujo económico hacia la Isla como mecanismo de presión contra el gobierno cubano.
En una conferencia de prensa organizada por la Asamblea de la Resistencia Cubana (ARC), Giménez apareció junto al también congresista Mario Díaz-Balart para reforzar esa línea de acción. Ambos solicitaron a la administración de Donald Trump medidas más severas que incluyan la suspensión de viajes y el endurecimiento del envío de remesas.
El objetivo, según expusieron, sería asfixiar financieramente al gobierno cubano y limitar su capacidad de respuesta ante protestas internas. Argumentan que reducir el flujo de dólares debilitaría las estructuras represivas que —afirman— se utilizan contra ciudadanos que salen a manifestarse pacíficamente.
Como era de esperarse, la propuesta ha generado posiciones encontradas. Mientras un sector del exilio respalda la idea de cortar todos los vínculos económicos, otros advierten que suspender vuelos afectaría principalmente a las familias cubanas, dificultando reencuentros, ayuda directa y viajes humanitarios.
El debate vuelve a colocar sobre la mesa la vieja pregunta: ¿las sanciones y el aislamiento golpean más al gobierno o al ciudadano común? Una discusión que, lejos de apagarse, parece intensificarse con cada nueva medida o propuesta que surge desde Washington o Miami.
Lo cierto es que las cartas enviadas por Carlos Giménez ya pusieron presión mediática sobre las aerolíneas y reactivaron la conversación sobre el futuro de los viajes entre ambos países, en un momento político especialmente tenso.










