La crisis energética en Cuba sigue pasando factura, y esta vez el golpe cae directo sobre el transporte interprovincial. La Unidad Empresarial de Base de Ómnibus Nacionales en Granma confirmó este viernes la suspensión temporal de varias rutas clave, dejando a miles de personas varadas y sin opciones reales de movilidad.
Según la información oficial, quedaron cancelados los servicios que salían desde Bayamo hacia Santiago de Cuba, Guantánamo y Camagüey, así como la ruta Manzanillo–Santiago de Cuba. A eso se suma la paralización de la salida nocturna Bayamo–La Habana, que operaba en días alternos a las 10:30 de la noche, una de las pocas opciones para quienes intentaban llegar a la capital.
El panorama no mejora al mirar hacia el oriente. En Las Tunas, las autoridades de Ómnibus Nacionales anunciaron la suspensión total de todas las salidas interprovinciales a partir de este viernes 6 de febrero, alegando el agravamiento del déficit de combustible. Solo se mantendrá, por ahora, el expreso hacia La Habana a las 9:00 de la noche, mientras también queda fuera de servicio la ruta alterna hacia Matanzas.
Este nuevo recorte en el transporte no llega solo. En los últimos días, la Universidad de La Habana informó el paso temporal a la modalidad semipresencial por 30 días y la postergación del Congreso Universidad 2026, una decisión directamente vinculada a la falta de energía. En Camagüey, fuentes internas confirmaron la suspensión de la transportación y la venta de gasolina, además de ajustes forzados en horarios docentes y actividades culturales.
En Holguín, la situación es aún más drástica. La universidad provincial habría enviado a los estudiantes becados de regreso a sus casas y detenido la docencia hasta marzo, otra consecuencia directa del colapso energético y la escasez de combustible.
Mientras el régimen habla de “resistencia” y pide comprensión, el país se va quedando sin guaguas, sin clases y sin vida cotidiana. Viajar se convierte en un lujo imposible, estudiar en una excepción y moverse dentro del territorio nacional en una odisea. La parálisis del transporte interprovincial no es un hecho aislado, sino otra señal clara de un sistema que ya no puede sostener lo básico, aunque desde arriba se siga vendiendo el discurso de que “todo está bajo control”.










