La congresista cubanoamericana María Elvira Salazar dejó claro que confía plenamente en el papel que está jugando Marco Rubio dentro de la estrategia de Estados Unidos hacia Cuba, ahora que Donald Trump volvió a la Casa Blanca. Para Salazar, el momento político no se parece a nada anterior: es otro tablero, otras reglas y una oportunidad real.
En conversación con Actualidad Radio, la congresista habló sin rodeos. Dijo que Rubio “no se equivoca” porque conoce de primera mano el dolor del pueblo cubano, ese que viene de generaciones marcadas por el exilio y la represión. A su juicio, la combinación Trump–Rubio cambia el ritmo y la profundidad de lo que se está moviendo en Washington, aunque desde fuera se perciba silencio.
Salazar admitió que hay un hermetismo evidente en la Casa Blanca y en el Departamento de Estado. Pero ese silencio, lejos de preocuparla, la tranquiliza. Cuando Rubio está al mando —subrayó— las cosas se hacen con cálculo y determinación. Y eso, para quienes han visto sufrir a sus familias bajo la dictadura, es una señal potente.
La congresista lo dijo con emoción: para su historia familiar y para la de miles de cubanoamericanos, lo que está pasando tiene un peso casi histórico. No habló de promesas vacías ni de gestos simbólicos. Habló de voluntad política, esa que ha faltado durante décadas mientras el régimen ganaba tiempo con discursos y excusas.
En sus redes sociales, Salazar reforzó el mensaje. Recordó que tras más de seis décadas de dictadura muchos creen imposible un cambio real, pero ella insiste en lo contrario. La dictadura no es invencible, afirmó, siempre que exista decisión política y se deje de legitimar a quienes han secuestrado al país.
En ese tono, fue tajante al referirse a los jerarcas del régimen. Para Salazar, lo que digan Díaz-Canel, Raúl Castro o Bruno Rodríguez no merece atención ni respeto. No representan a un pueblo libre, sino a una estructura que ha robado futuro, prosperidad y dignidad.
El mensaje de fondo es claro y directo: Cuba no necesita más voceros del poder, necesita presión real, coherencia y una política que esté del lado de la gente, no de los verdugos. Con Trump en la Casa Blanca y Rubio marcando el paso, Salazar cree que esa línea, por fin, se está trazando sin ambigüedades.










