Periodista Arleen Rodríguez sale en defensa de Díaz-Canel asegurando que jamás se anunció que su discurso fuera en vivo y directo

Redacción

La periodista oficialista Arleen Rodríguez Derivet volvió a ponerse el casco y el escudo para salir en defensa de su amigo Miguel Díaz-Canel, luego de la polémica desatada por la conferencia “en directo” que terminó oliendo más a programa grabado y editado que a intercambio transparente con la prensa.

Desde su podcast Chapeando, Rodríguez Derivet intentó desactivar las críticas aclarando que, según ella, nunca se dijo que la comparecencia fuera en vivo, sino una simple “transmisión”. Un argumento que se cayó solo cuando el reloj en su propia muñeca mostró una hora que no cuadraba con la emisión matutina del discurso presidencial en la televisión cubana. Un detalle pequeño, sí, pero demoledor.

Para Arleen, el problema no es el montaje, sino quienes lo señalan. Fiel al libreto, acusó a los “medios orientados por Estados Unidos” y a sus supuestos “arlequines” de montar una campaña para desviar la atención de las palabras del mandatario, como si el verdadero escándalo no fuera la puesta en escena sino quien la descubre.

Según su relato, los críticos esperaban ver a un Díaz-Canel acorralado, sin ideas, derrotado o pidiendo clemencia. Y, siempre según ella, se llevaron un chasco al encontrarse con un “estadista” que habla claro, no maquilla la crisis y no se rinde. Una descripción que choca de frente con la realidad diaria de un país apagado, sin combustible, sin comida y sin futuro visible.

Rodríguez Derivet insistió en que su amigo reconoce la complejidad del momento, culpa a factores externos y promete caminos de salida, aunque advierte que no serán fáciles ni rápidos. El mismo discurso reciclado de siempre, que suena heroico en cámara y se desmorona cuando se apaga el set.

La periodista cerró su defensa atacando de nuevo a quienes cuestionaron la transmisión, acusándolos de mentir y manipular, como si la evidencia no estuviera grabada en alta definición en su propia muñeca. Pero el daño ya estaba hecho.

La comparecencia de Miguel Díaz-Canel, presentada por el régimen como un diálogo “en directo” con la prensa nacional y extranjera, quedó marcada por la sospecha. El reloj de Arleen, mostrando una hora cercana a las cinco de la tarde, contradijo la versión oficial de una emisión en vivo durante la mañana, dejando al descubierto lo que muchos ya intuían.

Todo apunta a que el encuentro fue grabado y editado previamente, y luego vendido al país como si ocurriera en tiempo real. Una puesta en escena más, cuidadosamente preparada, donde nada se deja al azar… salvo el reloj.

En la Cuba del control absoluto, la verdad no se filtra por las preguntas incómodas, sino por los pequeños errores. Y esta vez, un reloj hizo más periodismo que todo el aparato oficial junto.

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