Estados Unidos ha vuelto a mover fichas en el tablero del Caribe. En los últimos días, la Fuerza Aérea estadounidense ha reactivado vuelos de aviones de inteligencia electrónica del tipo RC-135V/W Rivet Joint frente a la costa norte de Cuba, una maniobra que recuerda demasiado a los operativos previos a otras crisis regionales recientes.
Se trata de plataformas diseñadas para escuchar sin ser vistas, capaces de captar emisiones de radares, comunicaciones militares y señales de sistemas de defensa aérea sin emitir ninguna señal propia. En condiciones óptimas, estos aviones pueden interceptar información electrónica en un radio que ronda los 200 a 240 kilómetros, lo suficiente para husmear en los oídos electrónicos del régimen sin cruzar una sola milla de su espacio aéreo.
El pasado 4 de febrero de 2026, uno de estos aparatos realizó un vuelo paralelo al litoral norte cubano, operando siempre sobre aguas internacionales. Datos de seguimiento aéreo revisados por medios independientes muestran que la aeronave voló de este a oeste antes de girar rumbo norte y regresar a Florida, en una ruta limpia, precisa y claramente intencional. El despegue se produjo alrededor de las 6:30 de la tarde, una franja horaria habitual para este tipo de misiones discretas.
El avión fue identificado como un Boeing RC-135V Rivet Joint, con número de cola 64-14841. Durante la operación mantuvo una altitud cercana a los 31.500 pies y una velocidad aproximada de 400 nudos, parámetros típicos de misiones SIGINT prolongadas, donde la prioridad no es la exhibición de fuerza, sino la recolección silenciosa de información.
Este tipo de vuelos no es nuevo, pero sí cada vez más frecuente. A finales de enero, usuarios de plataformas de monitoreo aéreo detectaron otro RC-135 despegando desde la base aérea de Homestead, en el sur de Florida. En aquella ocasión, el avión apagó su transpondedor durante parte del trayecto, una práctica habitual cuando se busca reducir la huella digital del vuelo y complicar el seguimiento civil.
El Rivet Joint es una de las joyas del espionaje aéreo estadounidense. Especializado en inteligencia de señales, puede interceptar y geolocalizar comunicaciones militares, radares y sistemas de defensa aérea en tiempo casi real. Según la propia Fuerza Aérea de EE.UU., estas aeronaves permiten apoyar decisiones estratégicas y operativas con información fresca, algo especialmente relevante cuando se trata de regímenes opacos y profundamente militarizados como el cubano.
A bordo viajan más de treinta personas entre pilotos, operadores de inteligencia, especialistas en guerra electrónica y técnicos altamente entrenados. Aunque la flota RC-135 ha estado presente en todos los grandes conflictos desde Vietnam, buena parte de sus sensores y sistemas sigue siendo material clasificado, un detalle que dice mucho sobre su verdadero alcance.
Con una autonomía cercana a los 5.500 kilómetros y capacidad de reabastecimiento en vuelo, estos aviones pueden permanecer horas —o días— vigilando sin descanso. Que estén operando ahora frente a Cuba no es casualidad. Es una señal clara de que Washington está mirando de cerca, mientras el régimen, atrapado en su propia crisis interna, apenas puede fingir que no escucha el zumbido que viene desde el cielo.










