Universidad de La Habana se apaga: Régimen anuncia «clases semipresenciales» por la falta de combustible para cubrir el transporte de los estudiantes

Redacción

La Universidad de La Habana confirmó este jueves lo que ya era un secreto a voces en los pasillos: la crisis energética terminó golpeando de lleno al corazón de la educación superior en Cuba. Ante la escasez de combustible y los apagones que no dan tregua, la institución anunció un paquete de ajustes para intentar mantenerse a flote sin apagar del todo la docencia.

Según el comunicado difundido por la prensa oficial, todas las carreras y programas de Técnico Superior Universitario pasarán a modalidad semipresencial durante 30 días, a partir del viernes 6 de febrero. En otras palabras, menos aulas, menos campus y más improvisación digital en un país donde el acceso estable a Internet sigue siendo un lujo.

La dirección universitaria dejó claro que la decisión no nace de la autonomía académica, sino de orientaciones directas del gobernante Miguel Díaz-Canel y del Ministerio de Educación Superior. El objetivo oficial es “garantizar la continuidad del proceso docente”, aunque en la práctica se trata de otro parche para maquillar el colapso energético provocado por décadas de mala gestión del régimen.

Como parte del ajuste, el Congreso Universidad 2026 fue pospuesto, una decisión que refleja el nivel de desorden actual. Cada facultad tendrá que decidir qué actividades pueden hacerse de forma presencial, mientras la plataforma EVEA se convierte en la tabla de salvación digital, pese a las constantes quejas por fallos de conexión y apagones que dejan a estudiantes y profesores a oscuras, literalmente.

La situación de los estudiantes becados vuelve a evidenciar el caos. La universidad aseguró que recibirán una “atención diferenciada” hasta que se logre organizar su regreso a las provincias, una fórmula ambigua que en el lenguaje oficial suele traducirse en incertidumbre, retrasos y soluciones a medias. El personal docente y administrativo también pasará a régimen semipresencial, con grupos de guardia para cuidar instalaciones que cada vez funcionan más como museos del pasado que como centros de enseñanza modernos.

Desde la institución se insiste en mantener la comunicación entre profesores y alumnos y en adaptar los programas de estudio a la realidad del país. Una realidad marcada por apagones, falta de combustible y un sistema educativo obligado a sobrevivir en modo emergencia permanente.

Este anuncio llega en medio de una crisis energética nacional sin precedentes, que el régimen intenta justificar señalando a las sanciones de Estados Unidos, mientras evita asumir responsabilidades por el deterioro estructural del sistema eléctrico y la dependencia crónica del petróleo importado.

La Universidad de La Habana no está sola en este naufragio. La Universidad de Holguín también habría suspendido temporalmente sus actividades docentes, según mensajes difundidos entre estudiantes, confirmando que la debacle energética ya se llevó por delante la normalidad académica en varias provincias.

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