Con el país paralizado por falta de combustible, Marrero aparece diciendo que «Cuba no se para, Cuba no se detiene»

Redacción

El primer ministro Manuel Marrero Cruz volvió a tirar de consigna para intentar tapar la realidad. En medio del desabastecimiento de combustible que paraliza al país, aseguró que “Cuba no se para, Cuba no se detiene”, una frase grandilocuente que contrasta con la vida diaria de millones de cubanos atrapados entre apagones, transporte colapsado y servicios a medio gas.

El mensaje se lanzó durante una sesión extraordinaria celebrada este viernes, donde el Gobierno insistió en que las medidas anunciadas buscan “seguir adelante”. En el papel todo suena bonito, pero en la calle la historia es otra: oficinas cerradas, ómnibus desaparecidos y una economía que apenas respira. Aun así, Marrero pidió a organismos e instituciones “fortalecer su funcionamiento” con decisiones “controladas” y un “seguimiento a máximo nivel”, como si el problema fuera de supervisión y no de un modelo agotado.

El primer ministro adelantó además que, desde este mismo viernes, funcionarios del Ejecutivo saldrán en los medios oficiales para “explicar” a la población las acciones adoptadas. Traducción: más Mesa Redonda, más discursos, más palabras… y cero soluciones concretas. La narrativa vuelve a ser la misma de siempre, mientras la crisis energética se profundiza.

Todo el discurso oficial se enmarca en la coartada habitual del régimen: el supuesto “bloqueo energético” de Estados Unidos. Bajo ese argumento, la televisión estatal presentó medidas para enfrentar la falta de combustible en la generación eléctrica y el transporte, junto a promesas de acelerar parques solares y otras fuentes renovables. Proyectos que se anuncian una y otra vez, pero que nunca llegan a aliviar el presente.

También se habló de priorizar sectores como la producción local de alimentos, el abasto de agua, el transporte y los servicios básicos de salud y educación. Sin embargo, la experiencia reciente demuestra que esas “prioridades” no impiden apagones interminables, escasez de comida y una movilidad cada vez más restringida para la población.

En la misma transmisión, Miguel Díaz-Canel volvió a su optimismo forzado y aseguró que “siempre habrá soluciones para los problemas, por muy compleja que sea la situación”. Una frase que suena a burla para un país que, como él mismo reconoció días atrás, ha regresado a los peores años del Período Especial. A eso sumó la necesidad de una comunicación “sistemática y precisa”, como si el problema fuera de explicación y no de resultados.

Por su parte, Roberto Morales Ojeda habló de reforzar el “apoyo comunicacional” desde organizaciones políticas, medios e instituciones. En otras palabras, más propaganda para sostener un relato que ya no convence a nadie.

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