Díaz-Canel reaparece tras su anuncio de «opción cero» en Cuba para asegurar que «siempre habrá soluciones para los problemas»

Redacción

El gobernante cubano Miguel Díaz-Canel volvió a sacar la frase comodín de la política nacional: “siempre habrá soluciones para los problemas”, incluso cuando la situación es “compleja”. Lo dijo al presentar un nuevo paquete de medidas “inmediatas” para enfrentar la falta de combustible, una crisis que el propio régimen insiste en achacar a un supuesto “bloqueo energético” de Estados Unidos, como si la ineficiencia interna no tuviera nada que ver.

La declaración salió de una sesión extraordinaria donde se repasaron decisiones enfocadas en la generación eléctrica, el transporte y otros sectores que el Gobierno etiqueta como prioritarios. Mucho escenario solemne, mucha palabra grandilocuente, pero el país real sigue funcionando a golpe de apagón y de invento diario.

Según el material oficial, las acciones buscan aliviar la escasez de combustible tanto en las termoeléctricas como en la transportación, al tiempo que se intenta “dinamizar” la construcción de parques solares fotovoltaicos y otras fuentes renovables. La promesa verde vuelve a escena, aunque los plazos y resultados concretos siguen siendo un misterio para la población.

El paquete también toca áreas sensibles como la producción de alimentos, el suministro de agua, el transporte y los servicios básicos de salud y educación. Lo mismo de siempre: todo es prioridad, pero nada termina de resolverse, y el cubano de a pie lo sabe mejor que cualquier informe televisivo.

En su intervención, Díaz-Canel aseguró que las medidas no salieron de la nada, que venían trabajándose desde antes y que fueron asumidas con “responsabilidad”, “inteligencia” y “creatividad”. Según él, ese nivel de elaboración debería generar confianza. El problema es que la confianza no se come ni alumbra, y la experiencia reciente invita más al escepticismo que al aplauso.

El mandatario insistió en que la “vida ha demostrado” que siempre aparecen soluciones, y elogió la supuesta manera en que la dirección del país y el pueblo enfrentan la coyuntura. Incluso habló del respaldo de empresarios, entidades y países dispuestos a trabajar con Cuba “por encima de las presiones”. Un relato épico que contrasta con la realidad de estaciones vacías y guaguas paradas.

Díaz-Canel también tiró de la retórica emocional, asegurando que la moral, la valentía y el optimismo con que se enfrenta la crisis han generado admiración internacional. Dentro de la Isla, sin embargo, lo que abunda no es admiración, sino cansancio.

No faltó el énfasis en la “comunicación precisa y sistemática”, una señal clara de que el régimen entiende la información como herramienta de control más que como derecho ciudadano. En esa línea, Roberto Morales Ojeda explicó cómo las organizaciones políticas, los medios oficiales y las instituciones se encargarán de acompañar la divulgación de las decisiones adoptadas. Traducido: más propaganda para vender medidas que aún no han demostrado cambiar nada.

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