Marines de los Estados Unidos despliegan entrenamiento militar en el Mar Caribe y el régimen vuelve a ponerse nervioso

Redacción

En pleno Caribe caliente, marines de Estados Unidos realizaron este sábado ejercicios de interdicción marítima que incluyeron un descenso por cuerda rápida desde un helicóptero UH-1Y Venom hasta el buque anfibio USS Fort Lauderdale (LPD-28). El ensayo forma parte de la Operación Southern Spear, un despliegue que, más allá del entrenamiento, envía un mensaje político claro en la región.

Según el Comando Sur de Estados Unidos, el objetivo es combatir actividades ilícitas en el hemisferio occidental, en coordinación con agencias civiles estadounidenses como el Departamento de Seguridad Nacional y el Departamento de Justicia de Estados Unidos. Narcotráfico, contrabando y rutas ilegales están en el centro de la operación, aunque nadie en La Habana se engaña sobre el trasfondo geopolítico.

Las maniobras llegan en un momento de tensión política evidente entre Washington y el régimen cubano, marcado por mayor presión estadounidense y la inexistencia de un canal formal de diálogo. Mientras Cuba se encierra en su discurso victimista, Estados Unidos refuerza presencia y capacidad operativa en aguas que el castrismo siempre ha querido tratar como patio propio.

En meses recientes, el canciller del régimen, Bruno Rodríguez Parrilla, ha criticado la presencia militar estadounidense en el Caribe, calificándola de amenaza para la paz regional. La ironía es brutal: un gobierno que reprime, empobrece y exporta inestabilidad habla de “paz” mientras depende de alianzas opacas y rutas petroleras sancionadas para sobrevivir.

El material divulgado por SOUTHCOM muestra con claridad la maniobra: un equipo táctico descendiendo desde el UH-1Y Venom directamente al USS Fort Lauderdale, simulando una interceptación marítima. No es un show. Es doctrina operativa aplicada, parte de una estrategia sostenida para desmantelar redes ilícitas que operan entre Venezuela, Cuba y otros puntos del Caribe.

En enero de 2026, el Comando Sur reafirmó su compromiso con la seguridad regional bajo Southern Spear, una estrategia diseñada para fortalecer la presencia estadounidense y advertir a gobiernos hostiles, entre ellos los de Cuba y Venezuela. El mensaje es simple: el Caribe no es zona liberada para el delito ni para regímenes que juegan a la sombra.

Washington confirmó además la continuidad de un despliegue naval amplio, encabezado por el portaaviones USS Gerald R. Ford y buques de asalto anfibio como el USS Iwo Jima, el USS San Antonio y el propio USS Fort Lauderdale. Un músculo visible que contrasta con la fragilidad energética y económica del régimen cubano.

Las autoridades estadounidenses han sido claras: el operativo busca interceptar embarcaciones de la llamada “flota oscura”, implicadas en actividades ilegales y en el traslado de petróleo sancionado desde Venezuela hacia Cuba. Sin ese combustible, el sistema colapsa; con él, se viola el régimen de sanciones.

Para La Habana, cada helicóptero y cada buque en el Caribe es un recordatorio incómodo: el aislamiento se paga, y la opacidad tiene consecuencias. Mientras el régimen se atrinchera en consignas, el tablero regional se mueve, y Southern Spear deja claro que el Caribe no será refugio para la ilegalidad ni para dictaduras que se sostienen a oscuras.

Habilitar notificaciones OK Más adelante