La crisis energética en Cuba sigue apretando, y ahora el golpe llega directo al combustible que mueve —o intenta mover— la vida diaria del país. La Corporación CIMEX confirmó nuevas restricciones en la venta de gasolina y diésel, amparándose en la baja disponibilidad de combustible y en las decisiones anunciadas horas antes por el régimen en la Mesa Redonda.
La información fue divulgada tras la intervención del viceprimer ministro y titular del Comercio Exterior, Oscar Pérez-Oliva Fraga, quien reconoció públicamente que no hay combustible suficiente para sostener el nivel de ventas que se venía manteniendo. CIMEX, como brazo ejecutor del desastre, no tardó en ponerle letra pequeña al recorte.
Desde ahora y hasta nuevo aviso, quedan pospuestas las ventas de combustible en CUP, así como la comercialización de diésel en USD a la población. En la práctica, esto significa menos opciones, más colas y más parálisis para miles de cubanos que dependen del combustible para trabajar, moverse o simplemente sobrevivir.
Como si el problema fuera el “desorden” y no la escasez crónica provocada por décadas de mala gestión, CIMEX anunció además la implementación obligatoria de la plataforma Ticket en los servicentros que venden gasolina en dólares. A partir del 7 de febrero, quien aspire a comprar B90 o B94 tendrá que someterse al turno digital, con un límite de 20 litros por inscripción y apenas 24 horas para consumirlo tras ser notificado.
El régimen vende esta medida como una forma de “organizar” y “beneficiar a más clientes”, pero en la calle se lee distinto: más control, más burocracia y menos combustible. Un sistema que no garantiza abastecimiento ahora pretende administrar la escasez como si fuera eficiencia.
CIMEX asegura que, “en la medida en que las condiciones lo permitan”, la venta liberada de combustibles se restablecerá de forma paulatina. Sin fechas, sin volúmenes y sin compromisos claros. El mismo libreto de siempre, repetido hasta el cansancio, mientras el país se queda sin transporte, sin producción y sin paciencia.
La realidad es cruda y no necesita maquillaje: Cuba entra en una nueva fase de racionamiento energético, donde la gasolina se convierte en privilegio, el diésel desaparece del mapa y la responsabilidad vuelve a caer sobre los de abajo. Todo, mientras el régimen sigue administrando la crisis que él mismo creó.










