El tanquero Sandino atracó en el puerto de Matanzas con una carga estimada entre 390.000 y 410.000 barriles de combustible, según datos de plataformas internacionales de monitoreo marítimo. Lo que no llegó con el barco fue la explicación oficial. El régimen, fiel a su costumbre, no ha dicho de dónde sale el cargamento ni qué tipo exacto de combustible trae.
El rastreo del buque indica que el Sandino habría cargado días antes en la bahía de Nipe, en Holguín. Pero ahí empieza el enigma. ¿Cómo llegó el combustible hasta Nipe? ¿Quién lo suministró? ¿Bajo qué condiciones? Silencio total. La pregunta clave queda flotando, como tantas otras en la gestión energética del país.
La opacidad llega en el peor momento posible. Cuba atraviesa una de las crisis energéticas más duras de los últimos años, con apagones prolongados, colas interminables en las gasolineras y un transporte público prácticamente paralizado. La vida cotidiana se ha vuelto una carrera de obstáculos, mientras el poder administra información a cuentagotas.
En las últimas semanas, observadores independientes han detectado movimientos de petroleros vinculados a Cuba, pero las autoridades evitan hablar de contratos, proveedores o volúmenes reales disponibles. El mutismo no es casual. Analistas coinciden en que la fragilidad financiera del régimen y su aislamiento del crédito internacional lo empujan a depender de cargamentos puntuales y maniobras logísticas poco transparentes.
Por eso, la llegada del Sandino a Matanzas no se lee como una solución estructural, sino como otro parche. Todo dependerá de cuánto se logre descargar y a qué sectores se destine. La experiencia reciente enseña que estos alivios temporales no cambian el cuadro de fondo y suelen evaporarse sin aviso.
Por ahora, el barco está en puerto y el combustible existe. Lo que sigue faltando es explicación, planificación y transparencia. El episodio refuerza la percepción de improvisación crónica con la que el Gobierno cubano gestiona una crisis que golpea a millones. Más petróleo sin respuestas no es solución; es propaganda flotando en el muelle.










