El humorista cubano Ulises Toirac volvió a decir en voz alta lo que muchos piensan en silencio. En un mensaje publicado en Facebook, lanzó una crítica frontal contra Miguel Díaz-Canel, a quien retrata como un gobernante desconectado, errático y sin liderazgo real frente a las crisis que asfixian al país.
Toirac partió de la más reciente Mesa Redonda televisiva, a la que describió como un ejercicio vacío, cargado de consignas y carente de soluciones concretas. Según el humorista, el guion vuelve a ser el mismo: pedir más sacrificios a una población exhausta, sin explicar cómo se resolverán problemas tan básicos como la basura acumulada en las calles o el colapso de los servicios.
En su publicación, ironizó con la retórica oficial de “vencer”, señalando que ni siquiera queda claro a quién se supone que hay que derrotar, mientras los problemas reales siguen ahí, visibles, acumulándose como parte del paisaje cotidiano.
Más allá del programa puntual, Toirac asegura que lo que observa es un patrón. Díaz-Canel parece no estar “en la bola” cuando ocurren los momentos decisivos, y cuando finalmente reacciona, lo hace tarde, mal o contradiciéndose a sí mismo. No es un error aislado, insiste, es una forma de gobernar.
Como ejemplo, recordó el 11 de julio de 2021 en San Antonio de los Baños. En aquellas primeras horas, Díaz-Canel habló de inconformidad y de “revolucionarios confundidos”. Dos horas después, el tono cambió radicalmente y llegó la orden de reprimir, marcando uno de los episodios más oscuros de su mandato.
Toirac también trajo a colación el caso del exministro de Economía Alejandro Gil. Fue destituido el 2 de febrero de 2024, pero apenas dos días después el propio Díaz-Canel le agradecía públicamente y hasta lo felicitaba por su cumpleaños, como si nada hubiera pasado. Una secuencia que, para el humorista, ilustra el desorden y la falta de coherencia en la cúpula del poder.
El mismo esquema, apunta, se repite ahora con las llamadas “medidas de contingencia”. Primero, el 4 de febrero, un viceministro niega conversaciones con Estados Unidos y promete anuncios. Al día siguiente, Díaz-Canel aparece durante horas en una comparecencia incómoda, sin prensa real, visiblemente desgastado. Y finalmente, cuando el país ya está al límite, no es él ni el primer ministro quienes explican las decisiones, sino otro funcionario que intenta vender calma en medio del caos.
La frase con la que Toirac cierra su reflexión resume el sentir de muchos cubanos: “No sé, Rick…”. Una mezcla de ironía, incredulidad y cansancio ante un poder que promete control mientras el país se desmorona.
El mensaje del humorista ha sido leído como un respaldo explícito a quienes denuncian la falta de transparencia y coherencia del régimen, y como una radiografía incómoda de un liderazgo que, en plena crisis nacional, reacciona tarde, improvisa y evita asumir responsabilidades. En la Cuba de hoy, hasta el humor termina diciendo verdades que el poder ya no puede tapar.










