Mientras el régimen insiste en que no hay combustible, en el mar alrededor de Cuba los datos cuentan otra historia. El internauta Joankelin Sánchez encendió las alarmas en X tras analizar información pública de plataformas como VesselFinder, señalando movimientos de tanqueros que no cuadran con la versión oficial de escasez total y parálisis logística.
Uno de los casos más llamativos es el del M/T Caribbean Alliance. Según los registros citados por Sánchez, el buque habría salido del puerto del Mariel en septiembre y no apareció en Santiago de Cuba hasta el 5 de febrero. Un trayecto que normalmente tomaría apenas tres días terminó extendiéndose más de cuatro meses, una anomalía difícil de explicar sin operaciones intermedias no declaradas.
Al revisar los datos de calado, el internauta destacó otro detalle inquietante: el Caribbean Alliance figura en Santiago con un 90% de carga, marcando 8,1 metros de un máximo de 9. Para Sánchez, ese dato vuelve aún más sospechoso el largo lapso entre la salida y la llegada. Algo pasó en el medio, pero no hay una sola explicación oficial.
Las dudas se extienden a Matanzas, epicentro energético del país. Sánchez reportó la presencia del tanquero Lourdes en la terminal petrolera, con una variación significativa en su calado. A finales de enero marcaba 11,3 metros; a inicios de febrero, 12,8. Ese cambio abre la pregunta inevitable: ¿estaba cargando, descargando o recibiendo combustible de otro buque como el Sandino?
Otro punto confuso es el rumbo del Ocean Integrity. Según Sánchez, los sitios de rastreo mostraban información contradictoria, y todo indica que se dirige a Matanzas, Cuba, y no a Matanzas, Venezuela. Incluso planteó la posibilidad de que el buque fuera a cargar combustible proveniente del Sandino, aunque dejó claro que se trata de una hipótesis, no de un hecho confirmado.
El patrón general es lo que más llama la atención. Para un país que asegura estar seco, hay demasiado ir y venir de tanqueros. Sánchez menciona embarcaciones como LPG Emilia, Esperanza y Primula, todas vinculadas de algún modo a puertos cubanos. Su razonamiento es simple: si realmente no hubiera combustible, lo lógico sería que estos barcos no se movieran entre terminales.
Incluso aparece una variante poco comentada: el combustible sólido. El arribo del buque Eco Avalon al puerto de Moa, procedente de Manzanillo, México, con un cargamento de coque —un combustible rico en carbono— alimenta nuevas preguntas. El coque no mueve autos ni plantas termoeléctricas convencionales, pero sí apunta a maniobras alternativas en un sistema energético desesperado.
Todo esto ocurre en un contexto ya tenso. A inicios de febrero, el tanquero Sandino atracó en Matanzas con una carga estimada entre 390.000 y 410.000 barriles de combustible, procedente de la bahía de Nipe. Ni el origen exacto ni el destino del producto fueron aclarados por el Gobierno, como tampoco el tipo de combustible descargado.
El silencio oficial contrasta con la precisión de los datos públicos. Mientras el régimen evita explicar de dónde viene el combustible, cómo se mueve y a quién se destina, los rastros marítimos sugieren operaciones de emergencia, redistribuciones internas o maniobras opacas para sostener un sistema energético al borde del colapso.
En la Cuba de hoy, el mar habla más claro que los discursos. Y cada nuevo movimiento de tanqueros refuerza la misma conclusión: la crisis es real, pero la información sigue secuestrada por el poder.










