La Guiteras vuelve a decir adiós: Cuba queda al borde del colapso eléctrico total tras la rotura de su termoeléctrica más grande

Redacción

La Central Termoeléctrica Antonio Guiteras, en Matanzas, volvió a salirse del Sistema Electroenergético Nacional este viernes tras registrarse una nueva avería en la caldera, según admitió la Unión Eléctrica de Cuba en una escueta comunicación difundida en redes sociales.

La nota oficial, breve y sin rodeos técnicos, se limitó a informar que a las 10:05 de la mañana el bloque de la Guiteras quedó fuera del SEN debido a una grieta en la estructura de la caldera. Nada más. Ni explicaciones sobre la gravedad del daño ni, mucho menos, un estimado de cuándo podría regresar a operar.

El periodista matancero José Miguel Solís confirmó la salida de la unidad y apuntó que se trata de una parada para reparar una avería externa en la caldera, otra frase genérica que deja más preguntas que respuestas en un país acostumbrado al secretismo energético.

La salida de la Guiteras ocurre en una jornada ya marcada por cifras alarmantes. Según el propio parte diario de la UNE, la afectación prevista para el horario pico alcanza los 1.906 megavatios, una señal clara de que el déficit de generación sigue fuera de control y que los apagones volverán a golpear con fuerza.

No se trata de cualquier planta. La Guiteras es la termoeléctrica más importante de Cuba cuando está operativa, el “salvavidas” al que el régimen se aferra cada vez que el sistema eléctrico se tambalea. El problema es que ese salvavidas está lleno de remiendos y cada vez aguanta menos.

La historia reciente lo confirma. En los últimos años, la planta ha salido del sistema una y otra vez, ya sea por mantenimientos, roturas imprevistas o fallos estructurales asociados al deterioro extremo de sus componentes, fruto de décadas sin inversiones serias ni mantenimiento profundo.

Lo más revelador es el timing. Esta nueva avería llega apenas días después de que la Guiteras fuera sincronizada nuevamente al SEN, tras varios días fuera de servicio. El miércoles 4 de febrero, la UNE celebraba su reincorporación en la madrugada, y una hora después ya generaba alrededor de 100 MW, según declaró su director técnico al periódico Girón.

Aquel regreso fue vendido como un respiro para un sistema colapsado, que en esos días enfrentaba demandas superiores a los 3.000 MW con una disponibilidad real que no llegaba ni a la mitad. Los apagones se multiplicaron y la población volvió a pagar el precio.

Los trabajos previos incluyeron reparaciones en la llamada Nodriza de la caldera, con retirada de escoria y sustitución de tubos dañados, labores descritas por la prensa oficial como “complejas y delicadas”. Sin embargo, el supuesto alivio duró muy poco. La planta nunca llegó a su carga máxima estimada de unos 250 MW y ahora vuelve a quedar fuera por una nueva grieta.

Lo que queda al desnudo es un problema más profundo. El parque termoeléctrico cubano está estructuralmente agotado, sostenido a base de parches, piezas improvisadas y discursos triunfalistas que no resisten la realidad. La falta de repuestos, la tecnología obsoleta y la mala gestión convierten cada sincronización en una cuenta regresiva hacia la próxima rotura.

Mientras tanto, el régimen guarda silencio sobre plazos, soluciones reales o inversiones de fondo. La Guiteras se apaga otra vez, y con ella se apaga cualquier intento serio de maquillar el colapso eléctrico que vive Cuba.

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