Dos buques de la Armada de México zarparon ayer domingo desde el puerto de Veracruz cargados con más de 814 toneladas de ayuda humanitaria con destino a la población civil de Cuba, un país que hoy sobrevive entre apagones, escasez y promesas oficiales que nunca se cumplen.
Según informó la Secretaría de Relaciones Exteriores, el arribo a la isla está previsto en unos cuatro días. El envío fue ordenado directamente por la presidenta Claudia Sheinbaum y se realiza a bordo de los buques de apoyo logístico Papaloapan e Isla Holbox.
El Papaloapan transporta más de quinientas toneladas de alimentos y productos básicos. Entre la carga hay leche líquida, arroz, frijoles, conservas de pescado, aceite vegetal y artículos de higiene, insumos que en Cuba hoy son casi artículos de lujo para millones de familias. El Isla Holbox, que zarpó horas después, lleva más de 277 toneladas de leche en polvo, un producto prácticamente desaparecido de la dieta cotidiana en la isla.
El propio comunicado oficial reconoce que aún quedan pendientes más de 1.500 toneladas adicionales de leche en polvo y frijoles, que serían enviadas en una fase posterior. Toda la carga fue concentrada previamente en el muelle de la Administración del Sistema Portuario Nacional de Veracruz, desde donde se organizó el embarque.
Desde el Gobierno mexicano, el envío fue presentado como parte de su tradicional política de “solidaridad” con América Latina y, en especial, con Cuba. Se habla de principios humanistas, cooperación internacional y lazos históricos. Sin embargo, el trasfondo es imposible de ignorar: si Cuba necesita ayuda externa para alimentar a su población, es porque el modelo impuesto por el régimen ha fracasado estrepitosamente.
La operación humanitaria llega, además, poco después de que el director de Pemex admitiera que en 2025 México envió petróleo a Cuba por un valor cercano a los 496 millones de dólares, confirmando que el oxígeno económico al régimen no se ha limitado solo a alimentos. Días más tarde, el propio gobierno mexicano reconoció que había frenado algunos envíos para evitar sanciones y aranceles de Estados Unidos, aunque insistió en que la ayuda humanitaria continuaría.
En la práctica, el contraste es brutal. Mientras desde Veracruz salen barcos cargados de comida, en Cuba el aparato estatal sigue demostrando su incapacidad para producir, distribuir y garantizar lo más básico. El régimen recibe, administra y controla, pero el pueblo sigue pagando el precio de décadas de improvisación, corrupción y dogmas ideológicos que ya no alimentan a nadie.










