El nerviosismo del poder volvió a aflorar en Holguín. Esta vez fue Joel Queipo Ruiz, primer secretario del Partido Comunista en la provincia, quien salió a justificar la detención de los jóvenes del proyecto independiente El4tico con un discurso cargado de consignas viejas, acusaciones sin pruebas y el tono autoritario de siempre.
Desde su cuenta en Facebook, Queipo decidió no hablar de leyes ni de derechos, sino de enemigos, traidores y supuestas invasiones. En su arremetida, atacó directamente a Ernesto Ricardo Medina y Kamil Zayas, a quienes describió con una retórica agresiva como “rostros que se pintan de inocentes” pero que, según él, esconden una supuesta traición a la patria. El libreto es conocido: cuando el régimen no puede rebatir ideas, dispara insultos.
El4tico no es un medio estatal ni un proyecto financiado por el poder. Es un espacio nacido en Holguín, levantado desde un cuarto convertido en estudio, donde dos jóvenes analizan la realidad cubana, cuestionan al régimen y dicen en voz alta lo que millones comentan en voz baja. Ese es su verdadero pecado. Con miles de seguidores dentro y fuera de la Isla, se ha convertido en una de las plataformas disidentes más visibles que aún operan desde territorio cubano.
Para el aparato del Partido, eso resulta imperdonable. Queipo insistió en que El4tico no busca el bienestar del pueblo, sino que responde a “intereses imperiales”, la etiqueta comodín que el régimen usa cada vez que alguien se sale del guion. Según su versión, los jóvenes no son simples creadores de contenido ni ciudadanos críticos, sino piezas de una supuesta agenda extranjera destinada a desestabilizar el país.
El dirigente fue más allá y los acusó de promover la desobediencia al orden constitucional y de respaldar una intervención militar, sin mostrar una sola prueba. La lógica es brutalmente simple: si criticas al Partido, eres enemigo; si cuestionas al poder, eres mercenario; si tienes audiencia, eres peligroso.
En su mensaje, Queipo también rescató el viejo fantasma del “manual para derrocar la Revolución”, acompañado del mito de millones de dólares fluyendo desde el exterior. Un relato desgastado que ya no convence ni a muchos militantes, pero que sigue siendo útil para justificar arrestos, decomisos y silencios forzados.
El cierre no sorprendió a nadie. Como buen cuadro del sistema, invocó a Fidel y Raúl Castro y repitió que no habrá espacio para quienes, según él, “tienen el alma vendida”. Lo que no dijo es por qué un régimen que se proclama fuerte le teme tanto a dos jóvenes con una cámara y un micrófono.
La reacción del primer secretario del PCC en Holguín deja algo claro: El4tico molesta porque dice verdades, porque conecta con la gente y porque desmonta, sin consignas, el relato oficial. La detención de sus integrantes y la furia discursiva del Partido no son señales de fortaleza, sino de miedo. Miedo a la palabra libre, miedo a la crítica y miedo a perder el control del relato en un país cada vez más cansado de obedecer en silencio.










