Régimen anuncia que quiere rescatar el «Cordón de La Habana», el ambicioso y fracasado proyecto agrícola de Fidel Castro en los años 60´s

Redacción

El régimen cubano vuelve a desempolvar viejas recetas. Esta vez anunció que La Lisa, Boyeros, Marianao y Arroyo Naranjo fueron escogidos para aplicar, como experiencia piloto, una propuesta de la llamada Agencia de Desarrollo Agroindustrial, centrada en reactivar cultivos en extensas áreas del Cordón de La Habana, una franja de suelos fértiles que hoy, en gran parte, permanece abandonada.

El plan se presenta como un ejercicio de “intermunicipalidad” y gestión local del crecimiento agroindustrial. En la práctica, es un intento desesperado por sacar comida de donde no supieron producirla durante décadas, aprovechando tierras de buena calidad que el propio Estado dejó improductivas por mala planificación, falta de incentivos y control absoluto desde La Habana.

La narrativa oficial lo vende como respuesta a la crisis alimentaria y, cómo no, vuelve a culpar al embargo y a la supuesta “amenaza imperialista” de querer rendir al pueblo por hambre. Pero el problema real no es externo. El hambre en Cuba es consecuencia directa de un modelo que destruyó la agricultura, persiguió al productor independiente y convirtió la tierra en un botín burocrático.

Según el discurso oficial, la Agencia pondrá “la ciencia” al servicio del campo y concentrará los pocos recursos disponibles para hacer producir la tierra. La promesa es conocida: tecnología, encadenamientos productivos, pequeñas industrias y mercados abastecidos. Palabras bonitas que chocan con la realidad diaria de campesinos sin insumos, sin combustible, sin libertad para vender y sin seguridad jurídica.

En estos municipios habaneros se habla de autonomía, soberanía alimentaria y fortalecimiento de sistemas locales. Pero no hay autonomía posible mientras el Estado controle precios, distribución y decisiones clave. La experiencia demuestra que sin libertad económica real, cualquier proyecto termina asfixiado por el mismo aparato que dice impulsarlo.

Lo más llamativo es que el régimen presenta esta iniciativa como un “rescate histórico”. El Cordón de La Habana fue una idea impulsada directamente por Fidel Castro en los primeros años de la Revolución. Aquel proyecto pretendía rodear la capital de plantaciones, especialmente de café caturra, usando métodos forzados, movilizaciones masivas y decisiones técnicas tomadas desde la improvisación.

El resultado fue un desastre monumental. Se talaron bosques, se usaron suelos inadecuados, se impusieron cultivos sin estudios agronómicos serios y se obligó a miles de personas a trabajar en el campo sin conocimientos ni incentivos. El Cordón de La Habana fracasó estrepitosamente, dejó tierras degradadas, inversiones perdidas y se convirtió en símbolo de la soberbia y el voluntarismo de Fidel Castro.

Décadas después, el mismo régimen que provocó aquella destrucción ahora intenta reciclar el fracaso, maquillándolo con lenguaje técnico y consignas modernas. Pero el problema de fondo sigue intacto: un sistema que no confía en el productor, que castiga la iniciativa privada y que cree que la agricultura se dirige desde un buró.

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