Régimen reanuda el transporte público en La Habana tras todo un fin de semana con movimiento casi cero de guaguas por la escasez de combustible

Redacción

La Habana amaneció este lunes con una noticia que, en cualquier país normal, sería rutina, pero en Cuba suena casi a milagro: la empresa de transporte público anunció la reanudación de la circulación de ómnibus en la capital, luego de un fin de semana en el que el sistema estuvo funcionando prácticamente a cero por la falta de combustible.

El anuncio llega en medio de la escasez crónica de diésel que tiene paralizado al país, y deja claro que no se trata de una recuperación real, sino de un ajuste de emergencia para evitar que la ciudad colapse del todo. Las autoridades confirmaron que se reactivan los servicios de la Red Principal, aunque con excepciones y horarios recortados, una fórmula ya conocida por los habaneros.

Según la información oficial, las guaguas volverán a rodar en dos ventanas diarias, una en la mañana y otra en la tarde, lo que en la práctica obliga a miles de personas a reorganizar su vida alrededor de un transporte impredecible. Trabajadores, estudiantes y pacientes vuelven a depender del “a ver si pasa” como estrategia de movilidad cotidiana.

El régimen insiste en presentar esta reapertura como un esfuerzo logístico, pero la realidad es otra. La ciudad pasó un fin de semana prácticamente paralizada, con paradas abarrotadas, personas caminando kilómetros y un transporte alternativo desbordado. La reanudación de hoy no borra el desastre previo ni garantiza estabilidad para los próximos días.

Las autoridades también aseguran que se mantienen operativos al cien por ciento servicios como la lancha y el ciclobús, alternativas que, aunque alivian puntualmente, no sustituyen un sistema de transporte urbano funcional para una ciudad de más de dos millones de habitantes. En la práctica, siguen siendo parches en un modelo que hace aguas por todos lados.

Detrás del lenguaje triunfalista, el mensaje es claro: no hay combustible suficiente y el transporte público sobrevive a base de recortes, improvisación y propaganda. Hoy hay guaguas; mañana nadie lo sabe. La planificación desapareció hace rato y fue reemplazada por anuncios de emergencia que intentan maquillar el colapso.

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