Lo que le ocurrió a una familia en La Habana parece sacado de una película… pero tristemente es la pura realidad cubana. Un robo de grandes proporciones ha desatado indignación en redes sociales después de que una madre denunciara que delincuentes entraron a su casa de madrugada y prácticamente la dejaron en cero. No solo cargaron con equipos y mercancía de valor: también se llevaron a su perra husky, un miembro más de la familia.
La afectada, Annie Zúñiga, publicó un video en sus redes contando lo sucedido, y su testimonio eriza la piel. Visiblemente afectada, explicó que los ladrones forzaron la puerta del garaje y arrasaron con todo lo que encontraron. Según sus palabras, no dejaron “absolutamente nada”, como si hubieran tenido todo el tiempo del mundo para vaciar el lugar.
El nivel del robo impresiona. Entre lo sustraído hay desde una planta eléctrica —artículo casi de lujo hoy en Cuba— hasta bicicletas de los niños, una patineta, mercancía de su restaurante y su cafetería, cajas de vasos, copas, platos, alimentos y suministros. Es decir, no fue un robo improvisado: parecía un operativo bien calculado para llevarse todo lo revendible.
Por si fuera poco, el golpe económico crece cuando se suman las pérdidas de su esposo. Herramientas de trabajo, piezas del carro, repuestos… todo desapareció. La familia asegura que el daño monetario es imposible de calcular ahora mismo, porque no solo perdieron bienes del hogar, sino también medios de trabajo.
Dentro del vehículo había además la cartera de Annie. Allí guardaba dinero personal, fondos del negocio, dólares que estaba ahorrando para comprarle una planta eléctrica a su madre, documentos de identidad, tarjetas bancarias y hasta una laptop. Es el tipo de pérdida que no solo duele por el dinero, sino por todo lo que implica empezar de cero con trámites y esfuerzos.
En medio de su relato, una frase resume la impotencia que siente: “¿Quién en su sano juicio se roba dos bolsas de pan?”. El comentario, que parece simple, refleja el nivel de necesidad —o descaro— con el que actuaron los ladrones, llevándose incluso comida.
Pero lo que más ha conmovido a quienes siguen el caso no son los equipos ni el dinero… sino Luna, la husky siberiana blanca de apenas un año que también fue robada. Para esta familia no es una mascota cualquiera: es parte esencial del hogar.
Annie contó que la perrita tiene un valor sentimental enorme porque pertenecía a una persona fallecida que se la regaló con la promesa de que siempre la cuidaría. Sus hijos pequeños, dice, están devastados desde que desapareció.
La mujer sospecha que se la llevaron para venderla, algo que no sería raro tratándose de una raza costosa y muy cotizada en la isla.
Desesperada, publicó un llamado en Facebook explicando que el robo ocurrió en Mantilla, municipio Arroyo Naranjo, en La Habana, y pidiendo ayuda para recuperar al animal.
Su mensaje ha tocado fibras: asegura que sus dos niños no paran de llorar y que está dispuesta a pagar lo que sea por información. Incluso ofreció devolver el dinero a quien haya comprado la perra sin saber su origen, con tal de recuperarla.
El cartel difundido describe a Luna como una husky siberiana blanca de ojos azules que responde a su nombre, e incluye un número de teléfono para cualquier dato que ayude a encontrarla.
Más allá del caso individual, lo sucedido vuelve a poner el foco sobre la creciente inseguridad en Cuba. Robos en viviendas, asaltos y hechos violentos se han vuelto parte del día a día, mientras muchas familias sienten que están completamente desprotegidas.
No es la primera vez que Annie denuncia situaciones graves en su comunidad. En 2025 ya se había hecho viral al mostrar imágenes del deterioro de jóvenes de su barrio bajo los efectos del llamado “químico”, una peligrosa droga sintética que ha golpeado con fuerza a sectores vulnerables y alimenta el microtráfico en varias zonas del país.










