El municipio de Imías, en Guantánamo, volvió a sentir en carne propia lo vulnerable que es la vida en el oriente cubano. Un sismo registrado en la mañana de este domingo provocó grietas en al menos 14 viviendas y en el policlínico local, dejando claro que, más allá del movimiento de la tierra, lo que está verdaderamente agrietado es el abandono estatal.
Según los reportes oficiales, el epicentro del temblor se localizó en esa zona guantanamera. Los medios controlados por el régimen informaron que brigadas y grupos de trabajo recorren los consejos populares para identificar posibles daños adicionales. El libreto de siempre: inspecciones, palabras tranquilizadoras y cero transparencia real.
El secretario del Partido en el municipio, en una llamada al programa radial “En frecuencia con el pueblo”, aseguró que se han sentido réplicas menores, pero insistió en que la población “se mantiene tranquila” y que todas las medidas están activadas. Un mensaje que intenta calmar, aunque no tapa la realidad de casas frágiles, construcciones precarias y servicios públicos en ruinas.
También se informó que, de manera preliminar, no se detectaron daños en el viaducto La Farola, aunque sí se constataron afectaciones en cuatro entidades estatales. Detalles vagos, sin fotos claras ni evaluaciones técnicas públicas, como ya es costumbre cuando el régimen administra la información a cuentagotas.
El Centro Nacional de Investigaciones Sismológicas, con sede en Santiago de Cuba, emitió un informe inicial donde precisó que el sismo tuvo una magnitud de 5.6 en la escala de Richter y se originó a unos 10 kilómetros de profundidad. El epicentro se ubicó aproximadamente a 39 kilómetros al sureste de Imías, según los datos divulgados.
Hasta el cierre de los reportes oficiales, no se hablaba de víctimas ni de daños materiales graves. Sin embargo, la experiencia en Cuba enseña que muchas afectaciones nunca llegan a los partes oficiales, sobre todo en comunidades alejadas, pobres y olvidadas por el poder central.
Minutos después del evento principal, alrededor de las 10:04 de la mañana, se sintió una réplica perceptible en el municipio. Las autoridades pidieron mantener la calma. Lo que no dicen es que la calma no arregla grietas ni refuerza casas construidas con décadas de abandono y promesas incumplidas.
Una vez más, un fenómeno natural deja al desnudo una verdad incómoda: en Cuba no hace falta un gran terremoto para vivir en riesgo, basta con un sistema que nunca invierte en la seguridad real de su gente, pero sí en propaganda. El temblor pasará; la precariedad impuesta por el régimen sigue ahí.










