Aerolíneas canadienses confirman la suspensión total de sus vuelos a Cuba al menos hasta el 30 de abril por la falta de combustible en sus aeropuertos

Redacción

La crisis energética en Cuba acaba de provocar uno de los golpes más duros al turismo del régimen en años. En las últimas 24 horas, todas las aerolíneas con sede en Canadá que operaban rutas hacia la isla anunciaron la suspensión total de sus vuelos a Cuba hasta al menos el 30 de abril, citando directamente las severas limitaciones de combustible para aviones en los aeropuertos cubanos.

La decisión se produce en medio de la escalada de presión de la administración de Donald Trump, que ha endurecido sanciones, advertencias arancelarias y otras medidas destinadas a bloquear la llegada de petróleo y combustible al régimen cubano. El resultado ya es visible: aeropuertos sin queroseno y compañías aéreas que prefieren retirarse antes que arriesgar operaciones inseguras.

En sus comunicados, las aerolíneas canadienses dejaron claro que no transportarán nuevos pasajeros desde Canadá hacia Cuba durante el período de suspensión. En los próximos días, enviarán aviones prácticamente vacíos a la isla con un solo objetivo: rescatar a los miles de turistas canadienses que quedaron varados, la mayoría alojados en hoteles “todo incluido” que hoy funcionan como burbujas desconectadas de la realidad del país.

Las compañías afectadas confirmaron que los vuelos se reanudarían, en el mejor de los casos, a partir del 1 de mayo de 2026, siempre que la situación energética lo permita. Para quienes se encuentran ahora mismo en Cuba, la recomendación es clara: contactar directamente con su aerolínea para conocer los detalles de los vuelos de repatriación.

Este parón deja al descubierto la fragilidad extrema del modelo turístico cubano, totalmente dependiente del combustible importado y de decisiones políticas externas. Basta con que se cierre una llave para que el castillo de arena del régimen empiece a desmoronarse.

Mientras Canadá suspende por completo sus operaciones, desde otros países la situación es distinta, aunque lejos de ser normal. Desde Estados Unidos continúan vuelos diarios de American Airlines, Delta Air Lines y Southwest Airlines, que llevan combustible suficiente para el viaje de regreso y no dependen del reabastecimiento en Cuba. Desde México, Aeroméxico mantiene sus operaciones sin cambios.

En Europa, la crisis obliga a maniobras poco habituales. Iberia y Air Europa siguen volando desde Madrid a La Habana, pero con paradas técnicas para repostar en terceros países, como República Dominicana. Air France confirmó una estrategia similar para evitar cancelar su ruta.

Desde Panamá, Copa Airlines continúa operando, y desde Rusia, Rossiya Airlines, filial de Aeroflot, mantiene vuelos a La Habana y Varadero con ajustes de ruta para repostar fuera de Cuba. Otras aerolíneas internacionales, como Turkish Airlines o compañías latinoamericanas como Viva Aerobus, no han anunciado suspensiones, pero tampoco han ofrecido garantías claras.

Lo ocurrido con Canadá marca un precedente peligroso para el régimen. No es propaganda ni “campaña enemiga”: es una realidad operativa. Sin combustible no hay vuelos, sin vuelos no hay turistas y sin turistas no hay dólares. Mientras el poder en La Habana insiste en culpar a factores externos, la isla queda cada vez más aislada, incluso de quienes durante años sostuvieron su industria turística.

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