La Aduana General de la República volvió a ser noticia tras destapar otra operación de narcotráfico en el Aeropuerto Internacional José Martí de La Habana. Esta vez, el hallazgo no fue menor: los agentes detectaron una cantidad considerable de metanfetamina escondida dentro del equipaje de una pasajera que intentaba ingresar al país sin levantar sospechas. El caso vuelve a poner sobre la mesa el tema del tráfico de drogas y los cada vez más ingeniosos métodos de ocultamiento.
La confirmación llegó de la voz oficial. Wiliam Pérez González, vicejefe primero de la Aduana de Cuba, utilizó su cuenta en la red social X para ofrecer detalles del decomiso. Según explicó, la droga no estaba simplemente escondida entre la ropa, sino camuflada en objetos cotidianos: una cafetera eléctrica, varias pelotas de béisbol y otros equipos que viajaban dentro de la maleta. Un método curioso que, a simple vista, podía parecer inofensivo, pero que levantó las alertas de los especialistas.
De acuerdo con el funcionario, la detección fue posible gracias al trabajo conjunto entre la Aduana y el órgano antidrogas. Estas acciones forman parte de los operativos permanentes que se realizan en los puntos de entrada al país para frenar el tráfico de estupefacientes. Pérez González insistió en que el enfrentamiento a este tipo de delitos se mantiene con “máxima severidad”, dejando claro que las autoridades buscan enviar un mensaje de tolerancia cero.
Sin embargo, el comunicado oficial dejó más preguntas que respuestas. No se reveló cuántas personas estaban implicadas en la operación, ni el país de procedencia de la pasajera. Tampoco se detallaron las medidas legales aplicadas tras el decomiso. Como suele ocurrir en estos casos, la información se ofreció de forma bastante escueta, limitándose a confirmar el hecho sin profundizar demasiado.
Aunque desde el discurso oficial se presenta como parte de una “larga lista de logros” de la Aduana, lo cierto es que la repetición de estos operativos también refleja otra realidad: el aumento de los intentos de introducir sustancias ilícitas en la isla. Cada nuevo decomiso no solo habla de eficacia en los controles, sino también de la creciente presión del narcotráfico por abrir rutas hacia Cuba.
Y como si fuera poco, este no fue el único caso llamativo del fin de semana. Las autoridades aduaneras también informaron la detención de un pasajero que intentaba sacar ilegalmente del país nada menos que 28 aves. Lo más impactante no fue solo la cantidad, sino la forma: los animales estaban ocultos en tubos adheridos al cuerpo del individuo, en un método tan cruel como insólito.
Nuevamente fue William Pérez González quien dio a conocer el hecho en redes sociales. “Frustra en el Aeropuerto de La Habana la extracción ilegal del país de 28 aves ocultas en tubos adosados al cuerpo de un pasajero. Se aplicaron las medidas administrativas y fue denunciado a la policía”, escribió el funcionario, dejando constancia de otro operativo que terminó frustrado.
Historias como estas parecen sacadas de una película, pero están ocurriendo con más frecuencia de la que muchos imaginan. Entre drogas escondidas en electrodomésticos y fauna traficada de formas extremas, el aeropuerto de La Habana se ha convertido en escenario recurrente de decomisos que revelan hasta dónde puede llegar el ingenio —y la desesperación— de quienes intentan burlar los controles.










