El congresista republicano Mario Díaz-Balart fue directo al mentón este lunes. Aseguró que el régimen cubano jamás había estado tan frágil y lanzó una advertencia clara: el presidente Donald Trump no está dispuesto a tolerar, a solo 90 millas de Estados Unidos, un gobierno que calificó de terrorista y abiertamente antiestadounidense.
En un mensaje publicado en X, Díaz-Balart recordó que Trump ya dejó clara su línea roja con una orden ejecutiva reciente. Para los que todavía dudan de la seriedad del mandatario, el congresista sugirió mirar hacia Caracas y preguntarle a Nicolás Maduro cómo terminó el pulso cuando Washington decidió pasar de las palabras a los hechos.
El legislador fue más allá y dejó caer una frase que sonó a ultimátum. Dijo que, si estuviera en La Habana, estaría pensando seriamente en sus alternativas. No como amenaza vacía, sino como recordatorio de que ya ha hecho advertencias similares antes y de que Trump no se anda con cuentos cuando se trata de regímenes hostiles en la región.
Ese mismo lunes, la congresista María Elvira Salazar se sumó al coro con un mensaje igual de contundente. Pidió abiertamente no viajar a Cuba, alertando que un régimen en sus estertores finales es impredecible y peligroso, sobre todo para quienes quedan atrapados en medio del caos.
Salazar pintó un panorama que para los cubanos no es noticia, pero que en Washington empieza a pesar. No hay electricidad, faltan alimentos y medicinas, los apagones son constantes y la represión sigue marcando el día a día, todo agravado por la escasez de combustible que tiene al país prácticamente paralizado.
También advirtió que varias aerolíneas están cancelando vuelos hacia y desde la isla, lo que podría dejar a viajeros varados durante semanas o incluso más tiempo. Entrar a Cuba hoy es fácil; salir puede convertirse en una pesadilla, alertó en esencia la congresista.
Su mensaje respondió a reportes periodísticos con testimonios de pasajeros recién llegados a Miami desde La Habana, quienes describieron la situación actual como la peor que han vivido y confesaron miedo por lo que pueda pasar en un país que se hunde sin red de seguridad.
En los últimos días, Díaz-Balart y el también congresista Carlos Giménez han insistido en que la administración Trump debe aplicar tolerancia cero y presión total contra el régimen cubano. Ambos coinciden en que el castrismo atraviesa su momento de mayor debilidad y que cualquier titubeo solo serviría para darle oxígeno.
Para los legisladores, la presión debe ser integral y sostenida. Económica, diplomática y política. No como castigo simbólico, sino como la única vía real para forzar cambios en un sistema que ha sobrevivido durante décadas a base de represión y ausencia de libertades. El mensaje desde Washington es claro: la paciencia se acabó y el margen de maniobra del régimen se está cerrando.










