Decenas de cubanos amanecieron este lunes plantados frente a la Embajada de Nicaragua en La Habana, buscando respuestas que nadie parecía tener. La escena, repetida en videos que corrieron como pólvora en redes sociales, dejó claro el nivel de desconcierto tras el anuncio del gobierno nicaragüense de cancelar el libre visado para los ciudadanos cubanos.
Las imágenes muestran largas colas, rostros tensos y gente preguntando a gritos qué va a pasar ahora con sus planes. Muchos ya tenían pasajes comprados rumbo a Managua, uno de los principales trampolines de salida para quienes intentan escapar del desastre cubano. El miedo a perder el dinero o quedar atrapados en un limbo migratorio es real, y el silencio oficial desde La Habana solo agrava la angustia.
La decisión fue confirmada este domingo por el Ministerio del Interior de Nicaragua. Según el comunicado, los cubanos con pasaporte ordinario vuelven a estar entre las nacionalidades que necesitan visa consultada para poder entrar al país. Otra traba más para una población que ya vive asfixiada por la falta de futuro.
Las solicitudes deberán gestionarse de forma online, a través de un correo institucional, y podrán hacerse desde cualquier parte del mundo, siempre que se cumplan los requisitos exigidos por la legislación nicaragüense. Desde Managua se aclaró que el visado será gratuito, pero no se dijo ni una palabra sobre los plazos, un detalle clave para quienes tienen boletos comprados y fechas encima.
El libre visado había sido aprobado en 2021 bajo el discurso del turismo y la supuesta “relación familiar humanitaria” entre ambos países. En la práctica, coincidió con un boom migratorio desde Cuba, usando Managua como punto de partida de las rutas irregulares hacia Estados Unidos. Un fenómeno que el régimen cubano nunca frenó, porque la emigración masiva le sirve de válvula de escape social.
En los últimos años, Washington ha acusado abiertamente al gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo de facilitar el tránsito de migrantes. Ahora, con la restitución del visado, Managua parece ajustar su discurso en medio de mayor presión internacional y del endurecimiento de la política de Donald Trump hacia el régimen cubano.
Para los cubanos, el golpe es doble. Por un lado, se cierra otra ruta de escape. Por el otro, queda en evidencia, una vez más, la absoluta incapacidad del régimen de La Habana para ofrecer un futuro digno, empujando a su gente a hacer colas frente a embajadas ajenas, rogando por una visa. Mientras tanto, el poder en Cuba mira para otro lado, cómodo con que los inconformes se vayan… hasta que ya no haya por dónde.










