El jefe de la misión diplomática de Estados Unidos en Cuba, Mike Hammer, sostuvo recientemente un encuentro en Miami con el general Evan Pettus, máximo responsable del U.S. Southern Command. La reunión ocurre en un momento de tensión máxima con el régimen cubano y en medio del colapso energético que mantiene al país a oscuras.
Según informó la Embajada de Estados Unidos en Cuba, Hammer “aprovechó una visita a Miami” para intercambiar con el alto mando militar. No se ofrecieron detalles sobre la agenda, pero el contexto lo dice todo. No es una cita protocolar cuando la isla vive apagones masivos, escasez de combustible y una presión creciente desde Washington.
Se trata, además, del segundo encuentro entre Hammer y Pettus en pocas semanas, tras una primera reunión en enero. La reiteración subraya que la crisis cubana ya no se analiza como un problema coyuntural, sino como un escenario de colapso con implicaciones regionales.
La semana pasada, Hammer fue contundente al describir la situación. “Ya hay un colapso”, afirmó al referirse al derrumbe energético y social que golpea a los cubanos. En una entrevista con el comunicador Enrique Santos, el diplomático explicó que el país rebasó el punto de quiebre y que lo que antes se sufría en las provincias ahora alcanza de lleno a La Habana.
“No hay electricidad apenas”, dijo Hammer, señalando que la capital empieza a vivir lo que el resto del país padeció durante años. Una admisión que desmonta la propaganda oficial y confirma que el modelo está exhausto.
En los últimos meses, Hammer ha recorrido la isla reuniéndose con activistas, opositores y cubanos de a pie. Ese contacto directo lo convirtió en blanco del aparato represivo, que ha organizado actos de “repudio” para simular rechazo popular. El libreto es viejo: fabricar odio para tapar el fracaso.
Todo esto ocurre mientras el régimen mantiene un pulso abierto con la administración de Donald Trump, marcada por sanciones, control del flujo petrolero y advertencias a terceros países. La reunión en Miami no despeja incógnitas, pero deja claro algo: Washington está mirando de cerca un colapso que ya no se puede esconder, mientras La Habana responde con consignas y montajes. En ese contraste, el régimen vuelve a quedar retratado.










