Los apagones volvieron a hacer de las suyas y esta vez el golpe fue directo a las telecomunicaciones. La Empresa de Telecomunicaciones de Cuba S.A., el monopolio estatal conocido como ETECSA, anunció recortes de servicios y cambios en la atención al público en todo el país, otra señal clara de la debacle energética que el régimen ya no logra maquillar.
La información, difundida por el medio oficialista Sierra Maestra, intenta vender la idea de que los ajustes buscan “mantener la comunicación” en circunstancias excepcionales. En la práctica, lo que se impone es más precariedad para los cubanos, obligados a conformarse con un servicio mínimo y cada vez más inestable.
ETECSA reconoce que mantendrá abiertas sus oficinas en el horario habitual, pero durante los apagones solo se atenderán quejas e incidencias, dejando en pausa cualquier trámite que dependa de sistemas informáticos o conexión. Dicho en buen cubano: vas, protestas, te escuchan… y te mandan para la casa sin solución.
La empresa insiste en que estas medidas pretenden conservar un canal de comunicación “operativo”. Sin embargo, lo que queda en evidencia es la incapacidad del Estado para garantizar algo tan básico como la luz, mucho menos un servicio de telecomunicaciones decente en pleno 2026.
En el frente telefónico, el panorama no es mejor. Algunas líneas funcionarán con horarios recortados para “ahorrar recursos”, mientras otras seguirán activas todo el día, dependiendo del servicio. Otra vez, el ciudadano pagando los platos rotos de una gestión que hace agua por todos lados.
Este recorte en las telecomunicaciones no es un hecho aislado. Se suma a una cadena de decisiones desesperadas que el régimen ha tenido que tomar ante la crisis energética y de combustible que asfixia al país. La imagen es tan dura como simbólica: Cuba amaneció prácticamente sin tráfico aéreo comercial visible en su espacio aéreo, algo inédito incluso para los estándares de la isla.
Los datos de Flightradar24 muestran que en las primeras horas del día apenas despegó un vuelo comercial desde Cuba, el CMP245 de Copa Airlines rumbo a Panamá. Un país casi paralizado, sin vuelos, sin luz y sin combustible, mientras el discurso oficial sigue prometiendo resistencias épicas.
La crisis también golpea sectores vitales. En Matanzas, directivos de Salud Pública anunciaron ajustes urgentes para sostener la atención médica en medio del apagón permanente y la falta de combustible, según el diario oficialista Girón. Menos transporte para el personal, recortes en consultas externas y cambios en hospitalizaciones confirman que ni la salud escapa del colapso.
Todo esto dibuja un mismo cuadro. Cuba se apaga por dentro, y con ella se apagan servicios, derechos y hasta la posibilidad de comunicarse. Mientras el régimen insiste en culpar al embargo o a factores externos, la realidad es testaruda: el modelo fracasó, y ahora ni siquiera puede garantizar que un teléfono suene o que un avión despegue.










