La crisis del combustible en Cuba ya no se puede esconder ni con discursos. Rusia reconoció abiertamente que la situación energética en la Isla es crítica, luego de que el propio Gobierno cubano anunciara un plan de racionamiento para tratar yde sostener servicios básicos en un país cada vez más paralizado.
Según reportó la agencia Reuters, el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, confirmó que Moscú mantiene contactos “intensivos” con las autoridades cubanas. Como ya es costumbre, el funcionario ruso no perdió tiempo en culpar a Estados Unidos, acusando a Washington de aplicar tácticas para asfixiar la economía de la Isla, mientras evita mencionar el desastre interno del modelo comunista.
El anuncio llega después de que el régimen cubano hiciera públicas nuevas medidas para enfrentar la escasez de combustible. Todo ocurre en medio de una reducción sostenida del suministro petrolero, apagones interminables y limitaciones operativas que afectan desde el transporte hasta la producción de alimentos, aunque La Habana insiste en vender resistencia épica frente a la presión externa.
Peskov dejó entrever que Rusia estudia posibles fórmulas para ayudar a Cuba a sortear la situación o, al menos, aliviar algunos puntos críticos. Más que solidaridad, sus palabras reflejan la incomodidad del Kremlin con una dictadura aliada que se hunde y pide auxilio, mientras Moscú tiene sus propios frentes abiertos.
Las declaraciones surgieron tras preguntas sobre la falta de combustible para aviones y el impacto que esto podría tener en el turismo ruso, uno de los pocos mercados que todavía sostiene algo de flujo hacia la Isla. Ni siquiera los aliados históricos están a salvo del colapso energético cubano.
Días antes, el embajador ruso en La Habana, Viktor Coronelli, había afirmado que Rusia ha suministrado petróleo a Cuba en años recientes y que esa cooperación continuará. Una promesa repetida que, en la práctica, no logra evitar que el país se apague.
En paralelo, Estados Unidos confirmó este lunes que fuerzas militares abordaron sin incidentes el buque petrolero Aquila II tras una persecución que se extendió desde el mar Caribe hasta el océano Índico. El operativo, según informó el Departamento de Guerra en la red social X, forma parte de la aplicación estricta de la cuarentena naval decretada por Donald Trump contra embarcaciones sancionadas.
El mensaje de Washington fue claro. No habrá zonas grises ni miradas hacia otro lado. Mientras el régimen cubano se queda sin combustible y sin credibilidad, sus aliados intentan salvarlo con discursos y promesas, pero la realidad es terca: el modelo fracasó, la energía se agotó y la crisis ya es imposible de ocultar, incluso para Moscú.










