Sandro Castro sorprende: rechaza su Cristach y pide “Cuba Libre”… ¿mensaje oculto?

Redacción

Sandro Castro lo volvió a hacer. Cuando parecía que ya nada podía sorprender viniendo del nieto más mediático —y polémico— de Fidel Castro, soltó otro de sus videos que ha puesto a medio internet cubano a debatir. En uno de sus clásicos sketch para redes sociales, el influencer habanero subió la parada con un mensaje que muchos consideran ambiguo… y otros creen que fue más directo de lo que aparenta.

Esta vez, todo giró alrededor de un gesto simbólico disfrazado de humor etílico. Sandro rechazó públicamente su famosa “Cristach” —la cerveza que prácticamente se ha convertido en su sello personal— para pedir algo muy distinto: un Cuba Libre. Y claro, en el contexto cubano, eso no es solo un trago.

En el video, Sandro aparece dentro de un bar, visiblemente molesto tras una conversación telefónica bastante incómoda —y con un tono machista que tampoco pasó desapercibido para muchos espectadores—. El ambiente es tenso, y el camarero intenta bajarle la presión ofreciéndole precisamente una Cristach.

Pero ahí vino el giro inesperado.

Con gesto serio, Sandro suelta la frase que desató la avalancha de interpretaciones: “No, no quiero tomar Cristach, yo lo que quiero es un Cuba libre, hermano”. El camarero, siguiendo la escena, le responde que no tienen Coca-Cola para prepararlo. Sin perder el personaje, Sandro remata: “Cuando tengas Coca-Cola, avísame, porque ahora mismo ese es mi trago favorito”.

La escena cierra con otra línea que muchos también leyeron entre líneas. Ya saliendo del local, y tras resumir sus desgracias del día, dice: “Vendrán tiempos mejores, caballero”. Para echarle más leña al fuego, acompañó el video con una frase en mayúsculas que resumía todo: “NO ESTOY PA CRISTACHH KIERO TOMAR CUBA LIBRE”.

Y ahí fue donde el asunto dejó de ser solo humor.

Porque en Cuba, “Cuba Libre” no es únicamente ron con cola. Es consigna, deseo, grito contenido. Es una expresión cargada de historia, frustración y esperanza para muchos. Que alguien con el apellido Castro la utilice —aunque sea en tono ligero— inevitablemente genera ruido.

Sandro no forma parte formal del poder político, eso está claro. Pero su linaje pesa. Y cada cosa que publica se analiza con lupa. Sus videos, que mezclan absurdo, humor, performance y guiños sociales, llevan tiempo generando conversación, pero últimamente muchos creen ver mensajes más calculados.

Lo que antes se veía como simple excentricidad, ahora algunos lo interpretan como una narrativa con guiños al sentir popular.

Las reacciones no tardaron en explotar.

En redes, los comentarios se dividieron entre quienes aplauden el supuesto “mensaje” y quienes creen que todo es estrategia o puro show. Algunos usuarios escribieron cosas como: “Más claro ni el agua, este chamaco está con el pueblo”; “Todos queremos una Cuba libre”; “Siempre está mandando señales”.

Pero del otro lado no faltó la desconfianza. Críticas duras, recordatorios de su apellido y acusaciones de oportunismo llenaron también los comentarios. Varios internautas cuestionaron que alguien con su vida de lujos —iPhone último modelo, carros de alta gama— pretenda ahora lanzar guiños al pueblo.

Otros, sin embargo, salieron en su defensa, pidiendo separar al individuo del peso familiar. Argumentan que nunca se le ha visto ocupando cargos políticos ni participando en estructuras de poder, y que solo es alguien que nació donde no eligió.

Lo cierto es que, una vez más, Sandro logró lo que mejor sabe hacer: provocar conversación y mantenerse en el centro del debate público.

Pero esta vez el eco fue distinto.

Porque decir “quiero Cuba Libre” no suena igual en boca de cualquiera… y mucho menos en la de un Castro. ¿Broma? ¿Ironía? ¿Marketing? ¿Mensaje real? Las interpretaciones quedan abiertas.

Lo único seguro es que, en Cuba, hasta el trago que eliges puede convertirse en declaración.

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