Viajó a Rusia por “turismo” y terminó con 8 años de cárcel: la historia de un cubano en Volgogrado

Redacción

La historia de Hugo Alberto Formes Romero parece sacada de una película, pero es tan real como dura. Este joven inmigrante cubano, de apenas 20 años, fue condenado a ocho años y medio de prisión en Rusia tras ser declarado culpable de intento de distribución ilegal de drogas. El caso ha generado impacto tanto por la edad del implicado como por la severidad de la sentencia, dictada en la región de Volgogrado.

Según informó la Fiscalía local, el Tribunal del Distrito Traktorozavodsky determinó que Formes participó en actividades relacionadas con la venta ilegal de estupefacientes en “cantidades significativas”. El elemento que agravó su situación fue que, de acuerdo con la acusación, operaba como parte de un grupo organizado y utilizaba redes de información y telecomunicaciones —incluido Internet— para llevar a cabo las operaciones.

Lo más llamativo del caso es la rapidez con la que todo ocurrió. El 23 de septiembre de 2025, apenas cuatro días después de haber llegado a Rusia con una visa de turista, el joven fue detenido por la Policía. Las autoridades alegaron que presentaba signos de intoxicación, motivo por el cual fue trasladado a una comisaría. Allí se negó a someterse a un examen toxicológico, una decisión que terminaría complicando aún más su situación legal.

Durante el proceso judicial, su defensa sostuvo que el muchacho era inocente. En la audiencia, Formes —que tenía 19 años al momento del arresto— declaró que estaba extremadamente cansado cuando fue detenido, que no había consumido drogas y que llevaba muy poco tiempo en el país. Sin embargo, el tribunal consideró que negarse a la prueba toxicológica ya constituía un incumplimiento de los requisitos legales.

Inicialmente, esa negativa derivó en una sanción administrativa: 24 horas de arresto en un centro de detención temporal y una orden de expulsión del país por presunto consumo de sustancias sin prescripción médica. Pero el caso no terminó ahí. Las investigaciones posteriores dieron un giro mucho más grave.

Los fiscales aseguraron que el joven no había viajado por turismo, sino con la intención de integrarse a una red de narcotráfico. Según la versión oficial, Formes llegó a Rusia con el objetivo específico de participar en actividades de tráfico ilícito de drogas bajo la coordinación de un grupo organizado.

De acuerdo con la investigación, siguiendo instrucciones de un contacto, intentó vender un alijo de 0.946 gramos de mefedrona —una droga sintética también conocida como 4-metilmetcatinona—. El método consistía en crear un “escondite” en la calle Zholudeva, dentro del propio distrito Traktorozavodsky, para que el comprador recogiera la sustancia posteriormente. Sin embargo, la operación fue frustrada por las fuerzas del orden antes de concretarse.

Tras el juicio, el tribunal dictaminó que debía cumplir su condena en una colonia penal de máxima seguridad, uno de los regímenes penitenciarios más estrictos del sistema ruso. Además, a solicitud de la Fiscalía, se ordenó la confiscación de su teléfono móvil, considerado herramienta clave en la comisión del delito, pasando a beneficio del Estado.

Aunque la sentencia todavía no ha entrado en vigor y puede ser apelada, el caso ya está siendo utilizado por las autoridades como ejemplo disuasorio. Un representante de la Fiscalía declaró a medios locales que, según sus investigaciones, algunos extranjeros viajan deliberadamente a Volgogrado tras encontrar supuestas ofertas de ingresos en aplicaciones de mensajería.

El funcionario fue tajante: asumir ese tipo de riesgos tiene consecuencias legales severas. Incluso pequeñas cantidades de droga, cuando existen otros indicadores como organización o intención de venta, pueden constituir delitos graves bajo la ley rusa.

Y este no sería un hecho aislado. También en septiembre de 2025, otro ciudadano cubano —de 41 años— fue arrestado en la misma región por presunto tráfico de drogas a gran escala. En ese operativo, la policía incautó 29 envoltorios de N-metilefedrona, tanto en su poder como en escondites que presuntamente había preparado.

Historias como estas reflejan una realidad compleja: jóvenes que emigran buscando oportunidades, pero que terminan envueltos en redes criminales o situaciones límite que cambian su destino por completo. En este caso, lo que comenzó como un viaje terminó convirtiéndose en una larga condena tras las rejas.

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